El fundamentalismo nos afecta a todos

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Entiendo que algunas de las caricaturas de Charlie Hebdo puedan resultar ofensivas; a mí misma muchas no me gustan. Pero da igual, ése no es el debate, porque para los extremistas son sólo una excusa. Una excusa como cualquier otra. A los dibujantes de París los han matado alegando que sus dibujos son ofensivos para el Islaam, pero en Pakistán dispararon a una chica en la cabeza por el ‘delito’ de ir al colegio y en Nigeria utilizan a niños para realizar sus atentados suicidas.  Por eso no puede haber concesiones, porque siempre habrá una excusa para imponer su pensamiento.

Lo explica muy bien esta viñeta de Idígoras y Pachi:

Terrorismo en Nigeria. Viñeta de Idígoras y Pachi
Las caricaturas son sólo una excusa. En Nigeria, Boko Haram mata a gente, musulmanes o cristianos, por no pensar exactamente igual que ellos.

De la tendencia que tenemos en Europa a preocuparnos de las cosas sólo cuando nos afectan a nosotros, se ocupa ésta otra de Pahe (Gabón):

En Nigeria, Boko Haram reparte muerte.

El fundamentalismo prolifera en Nigeria (aquí un resumen del horror vivido sólo en la última semana), Níger, Mali o Pakistán, por no hablar de los atentados que cada día tienen lugar en países como Irak. Se trata de un problema global al que sólo se puede hacer frente de manera conjunta, con una estrategia amplia en la que se tengan en cuenta políticas de seguridad, pero también de cooperación entre países y con sus gentes.

Y por supuesto, aunque creo que esto no haría falta ni decirlo, que esto no es contra el islam, ni contra los millones de musulmanes pacíficos que hay en todo el mundo. Es, simplemente, contra el extremismo que atenta contra los Derechos Humanos. Y por mi parte igualmente aplicable, por ejemplo, a las iglesias cristianas –evangélicas, pentecostales o como se quieran llamar- que exaltan la fobia antihomosexual en África, provocando odio, dolor y, en algunas ocasiones, directamente muertos.

Por eso, tampoco debemos olvidarnos de otras masacres, como la que se está produciendo estos mismos días en República Centroafricana, esta vez contra los musulmanes. Lo cuenta muy bien el director del Servicio Jesuita a Refugiados en República Centroafricana, Gonzalo Sánchez Terán:

“El día después de que unos integristas islámicos asesinaran a tiros a doce personas en París, Naciones Unidas hizo público un informe denunciando que en la República Centroafricana se está produciendo una limpieza étnica de musulmanes. Para los europeos, justamente sumidos en el dolor y la indignación ante la masacre de Charlie Hebdo, esta segunda noticia ha pasado desapercibida (…) Me he encontrado con jóvenes musulmanes que no se atreven a utilizar su nombre árabe y han adoptado uno cristiano para sobrevivir y buscar trabajo. Ojalá me equivoque, mas creo que la limpieza étnica, en buena parte del territorio, ha sido irrevocablemente consumada. (…) La opinión pública de Europa y Estados Unidos no parece muy interesada por lo que aquí ocurre: quizá porque los que mueren y huyen son africanos, quizá porque muchos de ellos son musulmanes“. Y termina con esta frase que, seguramente, no se convertirá en trending topic: “Lo repito orgullosa, desafiantemente: Yo soy Charlie. También, con idéntica pasión, escribo: Yo soy un musulmán centroafricano”.

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