Ekomo

Ekomo
Ekomo, uno de los libros más importantes de la literatura de Guinea Ecuatorial.

Es raro acercarse a Ekomo de manera fortuita. Más bien al contrario, aunque no es un libro desconocido, lo más habitual es que haya que buscarlo para hacerse con él, a pesar de la reedición que hizo Sial/Casa África en el año 2008. Un libro que, sin embargo, es un referente de la novela ecuatoguineana y que cuenta además con la particularidad de que ha sido profusamente estudiado por investigadores guineanos, españoles y extranjeros.

Comienza Ekomo presentándonos la vida, nada tranquila ni tan rutinaria como pudiéramos pensar, en una aldea del pueblo fang, con las familias afanadas en sus quehaceres del día a día y el Consejo de Sabios tomando decisiones en base a sus costumbres y creencias. Porque en la aldea se leen y se interpretan las señales del cielo y todo el ciclo de la vida está marcada por las costumbres: es una vida en la que los ancestros tienen todavía mucho que decir y la ceiba sagrada guarda el tótem de la tribu: “En la ceiba está la muerte, la vida, la salud y la enfermedad”. Una vida en la que por las noches se bailan danzas tradicionales, que son mucho más que una danza, y las fuerzas ocultas salen de detrás de las sombras.

Así, a través de estas historias y representaciones, la cultura, la magia y la psicología del pueblo fang van apareciendo en el texto mientras la protagonista nos cuenta, en dos tiempos, su propia historia de vida. Por un lado, el profundo amor que la lleva a acompañar a su marido, con una pierna enferma, en un largo viaje en busca de cura a través de sabios, curanderos (una verdadera sala de los horrores donde se dan cita pacientes de todo tipo: “raquíticos, locos, poseídos por malos espíritus, fiebre amarilla, embrujos, vientres hinchados”…)  y hospitales -ya cuando toda la esperanza está perdida-. Por otro, sus intensas vivencias antes del matrimonio: su infancia y primera juventud como “Paloma de fuego”, una de las bailarinas más apreciadas de su aldea y alrededores por su fuerza y su magnético pelo rojo, y la decisión de dejarse “raptar” el mismo día de su boda concertada con otro, por el que ahora es su marido y queridísimo Ekomo. Toques de realismo mágico que aparece entrelazado con la narración más tradicional en la que se van alternando el presente y el pasado, formado por recuerdos de la infancia en un mundo que se mantenía todavía inalterable.

Una historia que termina de manera profundamente dolorosa, “en llamamiento y grito de una mujer solitaria que quiere compartir su desdicha con todas las mujeres”, tal y como escribe Gloria Nistal, directora del Centro Cultural Español de Malabo en el prólogo a la edición de Sial. Una desdicha a la que, además del dolor de perder a la persona querida, se suman las durísimas pruebas a las que son sometidas las viudas en la tradición fang:“Eres una viuda, ya no tienes derecho a nada”, podemos leer.

“Yo, a las trece lluvias había cambiado tanto que mi vida pasada parecía muy lejana. Yo, Paloma de fuego, conocía perfectamente cuál era el poder que había adquirido y era consciente de mi propia belleza. Sabía que era irresistible a los muchachos. Me autonombré diosa y me subí a mi pedestal sin que nadie pusiera obstáculo… La cosa tocó a su fin cuando al comienzo de la época de la otra siembra cumplí las catorce lluvias y mis padres dedujeron que el tiempo prometido para casarme había llegado”.

A lo largo del libro, María Nsue Angüe nos presenta también a otras mujeres del mundo rural, como su suegra, a la que llama ‘Madre’, y con la que mantiene una estrecha relación; y otras figuras más secundaria que van apareciendo puntualmente y a través de las cuales toca temas como la maternidad (y lo que implica no traer hijos al matrimonio), la dote, la prostitución, la poligamia y el adulterio, conformando un complejo y variado universo femenino. 

En la novela, Nsue lidia con varios aspectos de lo que ha supuesto el brutal choque entre modernidad y tradición, “denunciando por igual las normas y tabúes de la sociedad tradicional y la desestabilización producida por la irrupción colonial”, tal y como escribe Benita Sampedro en ABC. La historia, aunque no aparece específicamente datada, podría situarse a finales de los 40 o principios de los 50, probablemente coincidiendo con los años que la propia autora vivió allí.

Así, se presentan disyuntivas en torno a cómo conservar las tradiciones en un mundo que se ha visto patas arriba con la llegada del colonizador blanco. Contradicciones como, por ejemplo, la de aquel hombre que teniendo cuatro esposas decidió convertirse al cristianismo y solo puede, por lo tanto, conservar una mujer. ¿Qué ha de hacer? ¿Es acaso justo que deje a tres mujeres en la estacada solo por su reciente conversión?

Todo ello contado con un extraordinario lirismo y un profundo componente poético (“Ha vuelto a asomarse el sol, pero está triste… El sol está tristemente asomado entre las nubes, mientras en la tierra camina la gente sin ruido”) que se va entremezclando con los diálogos y la narración. Un libro que en ocasiones se hace incluso difícil de leer, precisamente quizás por la intencionalidad de la autora de transmitir el lenguaje oral y trasladarnos hasta ese mundo que ella vivió de pequeña, porque “Sólo el que conoce la selva sabe que el bosque tiene alma” y sólo así puede entenderse “el lenguaje de los ríos, los árboles, las aves y el de los animales”, tal y como escribía ella misma en el libro Cosas del bosque fang, Madrid 1998).

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