Nuestra hermana aguafiestas

Publicado a finales de los 70 con el subtítulo de 'Reflexiones desde una neurosis antioccidental', este libro es una ácida crítica a los países coloniales, a las supuestas independencias y aquellos que asisten complacientes a la nueva situación, además de una declaración de intenciones del feminismo afrocéntrico de la autora.

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Nuestra hermana aguafiestasSubtitulado Reflexiones desde una neurosis antioccidental, este libro es una ácida crítica a los países coloniales, ahora reconvertidos en los benefactores de África. Una patada en el trasero, también, a aquellos que asienten complacientes a la nueva relación de dependencia lograda tras el “baile de disfraces de las independencias africanas”. Y, por supuesto, toda una declaración de intenciones de un feminismo afrocéntrico que interpela a mujeres blancas y hombres negros.

Leer un libro publicada a finales de los setenta y pensar que podría haberse escrito ayer es poco frecuente, pero es exactamente lo que sucede con “Nuestra hermana aguafiestas”, de la ghanesa Ama Ata Aidoo. Una de las obras “más audaces, modernas, visionarias y radicales que surgieron de la época de las postindependencias” (tal y como escribe la traductora y estudiosa de las literaturas africanas Marta Sofía López en un brillante prólogo), y sin embargo una de las menos conocidas hasta ahora. ¿Influirá, quizás, que su autora fuera una mujer y que en sus páginas se cuestione no sólo al mundo occidental, sino a los compatriotas negros que tan fácil y dócilmente se dejaron deslumbrar por los privilegios concedidos por las grandes potencias a unos pocos? Los intelectuales, doctorandos y profesionales acogidos por mamá Europa. ¿Tendrá que ver con lo que algunos interpretaron como un velado lesbianismo en la obra, por la relación de amistad entre Marija y Sissie?

¿Por qué está siempre de paseo con la chica negra?

Sommer no habla inglés y la africana no habla alemán. Así que, ¿quién hace de intérprete?

¿Y de qué hablarán entre ellas?

¡No debería llevarla a su casa todos los días!

¡Tiene que estar volviéndose loca!

¡ALGUIEN TIENE QUE DECÍRSELO AL MARIDO! (escrito así, en mayúsculas, en el original)

¿Será quizás que no gusta leerla en Europa por los dardos que lanza contra los autodenominados “civilizadores”? “Malditos sean los que roban continentes” es probablemente la más suave de sus aseveraciones. Una novela con continuas referencias a la esclavitud, a la superioridad moral impuesta por los colonizadores, al buenismo (por supuesto más teórico que real) de la nueva Europa y a la fallida descolonización: ese “baile de disfraces llamado Independencia para toda África”.

“Pobres bandidos y puntas irredentas cuya única distinción en la vida era que, al menos, ellos eran mejores que los nativos”.

¿Cómo podría un negro

de mierda

gestionar nada

sin que expertas manos blancas

le tengan bien apretados los cojones

y el bolsillo?

 

 

 

 

 

 

 

Vayamos por partes. Para comenzar, no se trata de una novela fácil de leer. Es una maravillosa mezcla entre novela y poema en la que los diálogos (pocos) se mezclan con las reflexiones (muchas), las preguntas y los ácidos dardos de Ata Aidoo.

Pero, ¿quién es esta Hermana aguafiestas?

Una insignificante

mujer

africana que,

si las cosas hubieran salido como debían,

y el Tiempo no tuviera un modo de

dilapidar los sueños de los

hombres, no

hubiera

estado aquí

pisando el mismo suelo

que habían pisado los pies del

Führer…

‘A-C-H-T-U-N-G!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra hermana aguafiestas es una joven y brillante estudiante ghanesa que recibe una invitación para pasar unos meses en Alemania. Un viaje que “debía de tener algo que ver con los esfuerzos de alguien“para hacer otra vez el bien. Porque, desde el principio, la embajada había mostrado muchísimo interés”.

Lo que le espera allí en Alemania es una estancia con otros jóvenes de todo el mundo en un supuesto lugar idílico -un antiguo castillo- y la única tarea de trabajar unas pocas horas en un vivero de pinos.  “Este trabajo de proteger pinos con mantillo hacía que algunos de los campistas se sintieran incómodos. Especialmente los europeos. Dado que estaban acostumbrados a resultar inútiles en sus hogares de clase media, se habían apuntado a tareas de voluntariado internacional con la esperanza de llegar hasta las muchedumbres hambrientas de la tierra (…) Durante un tiempo, a algunos les habían hecho creer que irían, por lo menos, al sur de Italia. Pero aquí estaban ahora, al sur de Alemania, mimando a futuros árboles de Navidad”.

Allí conocerá a una joven ama de casa alemana que apenas habla inglés, con la que establece una cierta relación de amistad que le permite conocer y adentrarse en la vida y la casa de una familia europea. Allí descubre las miserias europeas, su hipocresía, la realidad que se esconde tras la luz que emana del continente. Y lo describe así:

S

O

L

E

D

A

D

Cayendo por siempre

Como una lágrima del ojo de una mujer.

¿Así que era esto?

 

 

 

 

 

 

 

 

La soledad de Occidente como una respuesta a las agresiones, al colonialismo, a la barbarie perpetrada por el hombre blanco en los países colonizados. ¿Sería eso?

En la segunda parte del libro, la protagonista cambia la localización: ya no es Alemania, sino Londres, la capital del Imperio, quien le espera esta vez. Y allí surge la tristeza, primero, y la rabia, después, de ver a tantos compatriotas, penando por las calles de la capital del Imperio. “No tenía ni idea de lo que le esperaba en Inglaterra. Pero para lo que nadie la había preparado era para encontrar allí a tanta gente negra (…) Se diría que Inglaterra estaba llena de negros, pero tenían un aspecto tan deplorable que Sissie se preguntaba por qué seguían allí”.

Y esta situación le da pie a Ata Aidoo para poner de manifiesto las incoherencias de tantos compatriotas que dejan sus países y familias deslumbrados por un supuesto éxito: ya sea en forma de dinero, reconocimiento profesional (becarios y doctorandos perceptores de las migajas y sobras del Imperio) o simple bienestar. Dinámicas de poder y educación que terminan por convencer a la juventud de que todo lo de fuera es siempre mejor.

“Con el tiempo llegaría a entender que estas migraciones son parte de la ilusión colectiva por parte de una población oprimida acerca de lo bien que se lo pueden montar en otro sitio. Corriendo a toda velocidad para seguir parados en el mismo sitio.

Se preguntaba por qué nunca contaban en casa la verdad acerca de sus viajes (…)

Cuando por fin volvían a casa como “gente viajada”, hablaban maravillas del extranjero, y hacían ver que sus paladares añoraban comidas insípidas que les hubieran hecho vomitar incluso en su mejor versión.

Pescado y patatas fritas”.

 

 

 

 

 

 

 

En la última parte, “Una carta de amor”, una larga epístola al hombre que le acaba de abandonar, supuestamente por no ser buena mujer, la protagonista demuestra su feminismo, de origen afrocéntrico, no importado, y se regocija en su imposibilidad para quedarse callada y hacer lo que se espera de ella para convertirse una “verdadera y buena mujer africana”.

“Algunas veces, cuando la gente habla sobre las virtudes de las mujeres africanas me pregunto quién soy yo y de dónde salgo” (…)

Tengo la sensación de que toda la sumisión y la humildad que tú y los hermanos esperáis de mí y de las hermanas es lo que es realmente occidental. Ideas victorianas de segunda mano, ¿no?

Habla también Ata Aidoo sobre el sufrimiento de las madres y las mujeres africanas, en un párrafo brillante (p. 180) y de lo que les espera: “Y ahora mira a esos para los que ella ha estado economizando, ahorrando e hipotecando su dignidad para enviarlos a la escuela más cercana, o al extranjero. Mírales volviendo con nietos con los que ella no se puede comunicar: porque sólo hablan inglés, francés, portugués…

Todo a cambio de dinero y una casita, sí, construida por sus hijos para ellas. Pero “¿acaso no existe el peligro de que podamos pensar en resolver un viejo problema colectivo aplicando medidas individuales? Así que todos los que hemos estado en el extranjero construimos casas para nuestras madres. ¿Y después, qué?

Este libro, que es revolucionario para su época y para la nuestra, tuvo, sin embargo, muy poco recorrido, y menos aún en su propio país. Así lo cuenta ella misma en un ensayo posterior que la editorial ha decidido muy acertadamente incorporar al libro. Un texto titulado “Colegas indeseadas y esclavas decorativas. Visiones sobre las mujeres como escritoras y personajes en la literatura africana contemporánea”.  En él se queja amargamente del silencio que pesó siempre sobre su libro.

“Por eso, lo que ha ocurrido con la no-recepción de mi libro me resulta tan difícil de callar.

Estoy convencida de que si Aguafiestas o algo similar lo hubiera escrito un hombre, como decimos por aquí, nadie hubiera cerrado un ojo en este último par de años por culpa del ruido que se hubiera montado al respecto.

Si Aguafiestas ha recibido reconocimiento en otros sitios, es gratificante. Pero no hay remedio para el dolor que me produce el que en mi propia casa hay sido por completo ignorada.

Porque seguramente mis hermanos y colegas saben que lo único importante es la recepción crítica de un libro, no necesariamente que reciba beneplácitos. Cuando un crítico se niega a hablar de tu obra, es un acto de violencia. Te está deseando la muerte en tanto que persona creativa”.

Sin embargo, aunque este libro, efectivamente, no tuvo el eco esperado en su momento, lo cierto es que no ha perdido vigencia. Buena prueba de ello es que todavía hoy, treinta años después, se haya reeditado en España. Además, hoy en día Ama Ata Aidoo sí es por fin reconocida como una de las grandes de las letras africanas, además de haber formado parte de la primera generación de mujeres africanas que consiguió publicar y poner por escrito sus historias.

En el año 1983, llegó a ocupar el cargo de ministra de educación, pero lo abandonó pronto al ver que no eran posibles sus ansias reformistas. Desde entonces, vivió durante más de una década en Zimbabwe y ahora vuelve a estar instalada en Gahana, desde donde dirige Mbaasen, una organización que trabaja por visibilizar a las autoras africanas con el objetivo de que, a otras, no le suceda lo mismo que a ella.

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