El racismo institucional y social en Estados Unidos, reflejado en el cine

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Las películas “I am not your negro”, “Qué pasó, Nina Simone?”, y “El mayordomo”, abordan, a través de las vidas y escritos de sus protagonistas, la historia de los negros estadounidenses en el siglo XX y lo que significó la lucha por los derechos civiles.

Manifestación contra los negros en Estados Unidos. Imagen extraída del documental I am not your negro

31/05/2017.– El racismo ha estado tan presente en la historia de la Humanidad que durante años se llegó a considerar lo natural. Una división tan asimilada que surgía desde el momento mismo del nacimiento y que se mantenía mediante la educación y la represión pero, sobre todo, por su aceptación como si se tratar del orden natural de las cosas. Es un asunto sobre el que pensé mucho en Sudáfrica, a raíz de las lecturas sobre el Apartheid. El apartheid fue, en efecto, la forma más atróz de racismo institucional y social pero ni mucho menos fue la única. De hecho, aunque a veces se presente como una ‘anomalía’ histórica, -una aberración propia sólo de los bóers degenerados-, no hay que olvidar que en el resto del mundo, y en Estados Unidos principalmente, la segregación existió de una forma muy similar.

Autobús segregado, Alabama, Estados Unidos, hacia 1955. Los pasajeros blanco, delante, los negros, atrás.

Las fuentes para negros, los asientos sólo para blancos, los trabajos ‘no aptos’ para negros, los salarios más bajos para negros, las escuelas segregadas… no fueron una excepción de Sudáfrica. Y han estado muy presentes en nuestras vidas hasta hace bien poco. [Ver más imágenes aquí]  De hecho, todavía hoy existe cierta segregación ‘de facto’, en forma de ghettos o zonas en las que, sin mediar ley escrita, sólo viven negros o blancos.

Para que no nos olvidemos de todo esto, parece que el mundo del cine ha decidido echar la vista atrás y recordar sin rodeos la historia más oscura y reciente del país: la de la discriminación y la larga lucha por la igualdad.

Viene todo esto a cuento de tres películas que he visto recientemente: “I am not your negro” (2017), “Qué pasó, Nina Simone?”, y “El mayordomo”, en las que se aborda, de formas diversas, lo que significó la lucha por los derechos civiles en un país donde la segregación entre negros y blancos se mantuvo por ley hasta bien entrados los años 60 y donde, todavía cuando pasó a ser ilegal, las autoridades del sur continuaron no sólo permitiéndolo, sino impulsándolo activamente.

A partir de las vidas y escritos de sus protagonistas, James Baldwin (1924-1987), Nina Simone (1933-2003) y Eugene Allen (1919-2010), las tres cintas vienen a contar la misma historia, la de los negros en Estados Unidos durante el siglo XX, a través de tres figuras muy alejadas entre sí, que sin embargo se ven marcados por los mismos acontecimientos: El intelectual, la cantante y el mayordomo. Tres figuras que sirven a sus autores para retratar la tremenda y difícil lucha por los derechos civiles. No es de extrañar, por lo tanto, que las tres tengan incluso algunas secuencias en común: como las imágenes de archivo de Dorothy Counts, la niña negra a la que abuchearon, escupieron y humillaron en su entrada al colegio ‘racialmente mixto’ en 1957, las marchas de la libertad o el asesinato de Martin Luther King.

Como marco ‘teórico’, vale la pena comenzar por I am not your negro, un documental en el que se recoge la lucha por los derechos civiles a través de los textos y entrevistas de James Baldwin, escritor y activista negro. Una cinta de la que ya hablamos en el blog y que sin duda recomiendo.

El documental “Qué pasó, Nina Simone”, que se puede ver en Netflix, recoge la historia personal y política de la cantante estadounidense.

Como relato histórico, real y significativo de cómo el activismo y la política podían destrozar una carrera tenemos el documental de Nina Simone, la cantante y música prodigio que se zambulló a fondo en la lucha por los derechos civiles. Esa niña negra que estudió piano gracias a la ayuda de una profesora blanca pero a quien sus padres tenían que ver desde el final de la sala porque las primeros filas estaban reservadas a los blancos; esa niña brillante, experta en música clásica, que nunca pudo convertirse en pianista, debido precisamente al color de su piel. Esa chica que llegó a brillar en los escenarios y a deslumbrar las televisiones pero que terminó siendo ‘evitada’ en la programación musical cuando comenzó a radicalizar su postura sobre los derechos civiles.

Porque Nina Simón fue la primera que se atrevió a gritar a los cuatro vientos, “Mississippi goddam” (algo así como ‘Mississippi maldito’, un término que la sociedad norteamericana consideró blasfemo). Todo un atrevimiento en un ambiente en el que nadie levantaba la voz frente a los asesinatos y tropelías que se cometían cada día contra los negros. Tal y como dice uno de los entrevistados en el documental: “A pesar de todo lo que habíamos sufrido los negros, ni un solo hombre negro se había atrevido a decir algo como Mississipi, maldita sea. Todos queríamos decirlo y ella lo dijo” [Dick Gregory, artista y activista].

El detonante fue el asesinato del activista Medgar Evers en Missisipi y el de cuatro niñas en una iglesia de Birminghan, por una bomba del Ku Kux Klan. Un asesinato que no sería juzgado hasta casi cuatro décadas después.

Alabama’s gotten me so upset / Tennessee made me lose my rest / And everybody knows about Mississippi goddam / Can’t you see it / Can’t you feel it /It’s all in the air/ I can’t stand the pressure much longer / Somebody say a prayer / 

Esta canción, censurada en muchas radios, -devolvían los discos de promoción rotos o rallados- era la expresión de su rabia, y de su compromiso con los derechos de los negros. A partir de ahí, fue evolucionando e implicándose más con su comunidad y sus reivindicaciones: participó en la conocida Marcha de Selma el 25 de marzo de 1965 y se fue ‘radicalizando’ poco a poco. Comenzó a utilizar su voz y su presencia para decir verdades que muchos otros callaban, verdades lanzadas a la cara del público blanco y acomodado que mayoritariamente era el que podía acudir a sus conciertos. Se significó también contra la guerra de Vietnam, con letras como “Backlash Blues” y se acercó a perfiles más radicales.

Ahora podía cantar para ayudar a la gente, y eso se convirtió en el motor de mi vida”, cuenta en el documental que sirve para repasar la dramática historia de aquellos años. Se preocupó de contactar con los intelectuales que estaban detrás del movimiento de los derechos civiles, trabajó por el empoderamiento de la comunidad negra, luchó por reafirmarse y reafirmar a sus seguidores en la negritud (fue una de las primeras artistas negras en romper con el estilo convencional que se esperaba de ellas: comenzó a dejarse el pelo afro y a vestirse con ropas africanas) o a poco terminó simpatizando incluso con los postulados de la lucha violenta en un momento en el que después de años y años de reivindicaciones pacíficas, y especialmente tras la muerte de Martin Luther King en 1968, los negros empezaban a ver imposible un cambio en la sociedad norteamericana.

En su autobiografía I put a spell on you Nina Simone escribe: “en el movimiento, viví a una velocidad vertiginosa. La música y la política determinaban mi vida. No tenía ninguna otra ambición personal. Quería lo que otros millones de estadounidenses también querían”. El asesinato de Malcolm X en 1965 “hizo que mis pensamientos se orientaran con aún más rapidez en la dirección que yo ya había tomado de todas formas, el reconocimiento de que la violencia sería una parte inevitable de nuestra lucha”, tal y como recogen en este artículo.

En 1970, desencantada, se marcha a vivir a Liberia, donde siente que por fin encuentra la paz, un lugar donde su color de piel no le condiciona, donde se siente libre, sin obligación de responder ante el público, ni tocar el piano –que había sido su gran amor pero también un inmenso peso a sus espaldas desde que tenía 4 años-. Luego terminaría volviendo a tocar en Europa y a reconciliarse en cierta manera con el público, (fue diagnosticada con trastorno bipolar), y con un mundo en el que la igualdad racial comenzaba a verse como posible.

La otra película es The Butler, (El Mayordomo), que recoge la biografía de Eugene Allen, un hombre negro que sirvió en la Casa Blanca durante el mandato de siete presidentes: de Eisenhower a Reagan. Una historia de superación que no es la típica historia de superación. Porque mientras vemos cómo el protagonista va consiguiendo pequeños éxitos en su ‘vida de negro’, el activismo político y social de su hijo nos confronta con otra realidad: ésa en la que apenas hay avances, ni derechos ni verdaderos cambios. Así, es a través de su hijo donde vemos cómo se organizó la lucha no violenta, liderada por James Lawson  (chicos y chicas negros sentándose en los lugares reservados para blancos y aguantando impasiblemente los insultos, los golpes, los arrestos); es donde vemos las injusticias a las que son relegados constantemente la población negra: represión con mangueras de agua, golpes, perros, prisiones…

Imagen de la película ‘El Mayordomo’, que cuenta la historia de ***, que sirvió a seis presidentes de Estados Unidos, y de su hijo *****, que participó en todas las luchas por los derechos civiles, llegó a formar parte de las Panteras Negras, y terminó siendo congresista.

Una cinta que confronta varias visiones: la del mayordomo, que ha visto una mejora notable en su vida respecto a la situación de sus padres –esclavos en una plantación de algodón, ella violada por el capataz, él asesinado por intentar oponerse–, y la del hijo, que no comprende su conformismo. Dos visiones que se separan cada vez más –el hijo termina por unirse a los Panteras Negras, el padre le expulsa de casa-, hasta que terminan reencontrándose cuando el vástago renuncia a la violencia y el padre comprende que no siempre se ha de respetar la ley, especialmente cuando ésta es injusta. Una historia que llega hasta nuestros días, con la elección de Obama como primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, pero también con la represión que continúa en los barrios negros, con las muertes de jóvenes a manos de la policía y la discriminación que se perpetúa.

Películas que se complementa con otros títulos lanzados recientemente como Selma (sobre las marchas de la libertad), Déjame salir o la serie Queridos blancos, en las que se aborda el racismo que pervive todavía hoy, aunque de forma mucho más sibilina.

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