Jacqueline Ki Zerbo, intelectual eclipsada por la sombra de su marido

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En estos días de cambios, revueltas y movilización popular en Burkina Faso, me gustaría hablar de una mujer, a menudo olvidada y por supuesto desconocida fuera de su país; una mujer cuya figura ha quedado irremediablemente escondida por la sombra del que fuera su marido, el historiador y político burkinabés Joseph Ki-Zerbo  (1922-2006), autor del ya clásico Historia del África negra.

Jacqueline Ki-Zerbo, socióloga y educadora, es una intelectual cuya una mujer cuya figura ha quedado irremediablemente escondida por la sombra del que fuera su marido, el historiador y político burkinabés Josep Ki-Zerbo.

Se trata de Jacqueline Ki-Zerbo, socióloga de formación, y “educadora” de profesión, como prefiere que la llamen, y una figura que formó parte de la primera  generación de pensadores africanos tras la independencia.

Nacida en Mali, Jacqueline Coulibaly, como era su apellido de soltera, fue desde pequeña una activista convencida, ya que se crió en un ambiente familiar de lucha y resistencia –era hija de uno de las grandes figuras del sindicalismo de Mali, Lazare Coulibaly-. Estudiante en la rama de filosofía, realizó sus estudios secundarios en Senegal y en 1956 se licenció en filología inglesa en la Sorbona. Fue en París donde se casó con el que sería su marido, y trabajó como profesora de inglés en Dakar, siendo una de las primeras profesoras negras de la época.

Su compromiso comenzó durante el periodo colonial y se mantuvo durante las independencias, entendida siempre como un compromiso con todo el continente. “Nuestra motivación era realmente la liberación de toda África, no sólo del Alto Volga (como se llamaba entonces a Burkina Fasso)”. Era, por tanto, lo que podríamos llamar una panafricanista convencida.

Es por eso que en 1958, cuando Guinea se convirtió en la única colonia francesa en decir no al referéndum propuesto por el general de Gaulle y optó por reclamar la independencia inmediata -lo que le supuso la retirada de la asistencia técnica-, ella y su marido no dudaron en ir a trabajar a Guinea, respondiendo a la llamada del presidente Sékou Touré, que lanzó una petición a los intelectuales de países africanos francófonos para reemplazar a los técnicos retirados por Francia.

A aquellos que criticaron su decisión les respondía así: “una de las características de nuestra generación es ser consecuentes con uno mismo. Nosotros preconizábamos la independencia, Guinea lo había llevado a cabo y Francia le había retirado la asistencia técnica, había que ir allí. No se trataba de hacer carrera, si no der fieles a nuestros ideales y compromisos”. Allí, comenzará a dar clases en el liceo nacional de Doka.

Cuando Burkina Faso logra su independencia, en 1960, Jacqueline y Joseph Ki-Zerbo, deciden volver y ponerse al servicio de su país como directora del “Cours normal de Jeunes Filles de Ouagadougou”. Pero la independencia no vino acompañada de democracia, y el partido que habían creado en 1957, en Dakar, el Movimiento de Liberación Nacional, tuvo que vivir en la clandestinidad hasta la caída del presidente Maurice Yaméogo,  líder del partido único. En 2011, ella misma recordaba en una entrevista: “el MLN no podía expresarse como partido político, pero nuestros miembros eran muy activos en diferentes asociaciones. La mayoría eran profesores o personal sanitario e intentábamos promover nuestras convicciones para África través del sindicalismo”. Fue precisamente una huelga, promovida por los sindicatos a nivel nacional y en la que Jacqueline Ki-Zerbo participó muy activamente, lo que llevó a la retirada de Yaméogo en 1966.

Para Jacqueline Ki-Zerbo, los intelectuales no deben estar al margen de la sociedad, deben estar integrados en su comunidad y preocuparse por los problemas y prioridades de la población. Y ella misma, como intelectual y como mujer, dio ejemplo trabajando incansablemente por los derechos de las mujeres y los trabajadores. Fue una de las fundadoras de l’ Entraide féminine voltaïque, organización desde la que trabajó a favor de la emancipación de las mujeres, y fue responsable de la publicación sindical, ‘La voz des Enseignants’ (La voz de los profesores) entre 1961 y 1966.

Paquita Reche, quien la conoció personalmente, explica en esta crónica en Fundación Sur cuál era su pensamiento: Para Jacqueline Ki-Zerbo, profundamente africana, luchar por los derechos de la mujer no quería decir combatir o luchar contra los hombres, sino ganarlos a la causa de las mujeres. Así lo expresaba muy claramente en el encuentro de Mujeres Rurales organizado por el Centro de Estudios Sociales de África Occidental (CESAO) de Bobo Diulasso, en 1995. Comentando los logros de algunas que habían obtenido el derecho a la tierra para explotar un campo individual, decía: “Con los hombres no hay que razonar en términos de combate ni de lucha, hay que negociar y persuadir”.

A lo largo de los años, su trabajo le ha llevado a recibir numerosos premios internacionales y nacionales, entre ellos, a ser condecorada con la Orden nacional del mérito en las artes, las letras y la comunicación; y a ser denominada como una de las “Mujeres pioneras de África”, por la Federación de Asociaciones de mujeres juristas de África.

En los últimos años, desde la muerte de su marido, ocurrida el 4 de diciembre de 2006, Jacqueline se ha propuesto continuar y revalorizar el patrimonio intelectual dejado por su el profesor. Así, todavía hoy, a sus 80 años, “sigue muy de cerca y apoya al movimiento intelectual y cultural Generación José Ki-Zerbo“, que, como explica Reche, tiene como objetivo “dar a conocer y difundir las ideas intelectuales y panafricanistas del profesor, luchar contra toda forma de opresión física y mental del hombre negro y participar a la rehabilitación de la conciencia histórica africana”.

** Con informacion extraida del articulo:  Jacqueline Ki-Zerbo – Une héroïne souvent éclipsée par l’ombre de son compagnon, de  Fatouma Sophie Ouattara.

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