Negritud

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No deja de ser curioso, y sintomático, que el movimiento de la Negritud naciera en París. Fue allí, en la capital de una de las potencias imperiales del momento, donde un grupo de estudiantes negros se unió para dar al movimiento independentista de las colonias el impulso que le faltaba. Corrían los años 30 y estaba Europa en otras cosas, pero los movimientos sociales y políticos en París eran muchos y el ambiente era el adecuado para el nacimiento de nuevas ideas.
En París se daban cita los mejores estudiantes de las diversas colonias francesas: africanos, sobre todo, pero también de Centroamérica. Así, a mediados de los años 30 llegaba a la capital un joven proveniente de Martinica, diminuta isla del Pacífico cercana a puerto Rico, y por aquel entonces colonia francesa. Era Aimé Césaire. Allí conocería a Léopold Sédar Senghor (senegalés) y Léon Damas  (de la Guinea francesa) y entre los tres fundaban, en 1934, la revista literaria ‘L’étudiant noir’. Por entonces, ninguno de los tres piensa todavía en política. Son poetas, artistas, intentando recuperar con sus textos el pasado de sus pueblos.
L-Etudiant-noir

Publican un solo número, pero en él Cesarie escribe un artículo titulado: “Négrerie”, con el subtítulo de: “Juventud negra y asimilación” que va a causar un gran impacto en muchas personas. En él viene a decir que la historia de los negros tiene tres actos: a) la esclavitud, b) la asimilación, -intrínseca a la colonización- y, por último, c) una nueva etapa, que todavía no había llegado, que sería la de liberación –no solo política, sino también mental.

Ese texto impacta a muchos de sus compañeros negros, colonizados, en París, y se sitúa como punto de partida para lo que luego será la Negritud. Además, Aimé Césaire sigue escribiendo y en 1936 publica ‘Cahier d’ un retour au pays natal’, otro golpe sobre la mesa en el que “Armado de un espléndido lenguaje lírico, denuncia la escandalosa situación de las poblaciones sometidas al sistema colonialista y canta la dignidad de un mundo africano oculto en la memoria colectiva. El poeta cuenta entonces con 26 años apenas y seguramente no se da cuenta de que acaba de escribir un texto que dejará una profunda huella”. [Cita extraída de El Ortiba].

Igual que hay hombres-hiena
y hombres-panteras,
yo seré un hombre-judío
un hombre-cafre
un hombre-hindú de Calcuta
un hombre de Harlem
-que no-vota
el hombre-hambruna,
el hombre-insulto,
el hombre-tortura
podrían
en cualquier momento
agarrarlo
molerlo a golpes
-matarlo sin más-
sin tener que rendir cuentas
a nadie
sin tener que excusar
con nadie…
Presencia Africana
De hecho, pronto vuelve a Martinica, ya casado y con un hijo, para dar clases en una escuela elemental. Pero allí sigue extendiendo su semilla y no es casualidad que entre sus alumnos se encontraran uno de los hombres que se convertiría luego en emblema de la Negritud: Frantz Fanon.

En 1947, acabada la Segunda Guerra Mundial, Aimé Cesaire es elegido diputado en la Asamblea Nacional Francesa con el Apoyo del Partido Comunista francés. Al mismo tiempo participa también en Presence Africaine, fundada por Alaioune Diop, profesor de filosofía nacido en Senegal. Participaron en ella muchos intelectuales, Sartre incluido, y  el objetivo de la misma era revalorizar la historia negra, negada por el colonialismo.

Tres años después publica Cesarie su Discurso sobre el Colonialismo (1950), un libro muy duro en el que viene a decir que Europa es una civilización decadente, y que el nazismo no es muy distinto de lo que fue el colonialismo. La única diferencia, dice, es que el “nazismo fue una colonización contra los blancos”. “Lo que no se perdona a Hitler es que haya aplicado el exterminio al blanco”, frente a la destrucción y exterminio, perfectamente aceptado por todos, llevados a cabo contra los negros: asesinatos, desarraigo, separación de tribus y familias…

Como alegato final, termina apelando al proletariado y a la revolución contra la burguesía. Para entonces, estaba todavía muy influenciado por el comunismo y vincula raza y clase. Pero todo esto cambia pronto, tras ver Césaire cómo aplica la URSS la teoría comunista, que no defiende precisamente la libertad de los pueblos, lo que quedó claro en 1956 tras el represión de la revolución húngara. Es por eso que ese año publica su Carta a Maurice Thorez –presidente del Partido Comunista- en la que se desvincula de la Partido Comunista mostrando la repugnancia que le produce el hecho de que el Partido no se revele ante Stalin.

Al año siguiente comienzan las tan anheladas independencias africanas. La primera es Ghana, en 1957, y le seguirán poco a poco la mayoría de países del continente. Aunque no todas, ni mucho menos, lo harán tal y como quería Césaire. Empezando por su amigo Senghor, que desde el primer momento se entrega al amigo francés. A pesar de todo, el movimiento de la Negritud seguirá presente por mucho tiempo.


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