Tortura disfrazada de Tradición

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Aprovechando que mañana es el día de la mujer, no nos olvidemos de esta aberrante práctica que todavía afecta  miles de mujeres y niñas por todo el mundo.
Entrevista a Honorata Nasuwa / Coordinadora de programas de NAFGEM (Network Against Female Genital Mutilation), de Tanzania.

‘Una forma de tortura invisibilizada y disfrazada de tradición’. Así define la Mutilación Genital Femenina (MGF) Honorata Nasuwa, una de las activistas que esta semana han estado en Madrid intentando concienciar contra esta práctica que afecta a más de 100 millones de niñas en todo el mundo.

Nasuwa coordina los esfuerzos de varias organizaciones de base en la región de Kilimanjaro, en Tanzania, donde tiene que enfrentarse a comunidades en las que hablar de la ablación es todavía un tabú: ‘Organizamos campamentos para chicas, pero cuando preguntas sobre MGF, ninguna suelta ni una palabra’, explica Nawuwa. ‘Así que, después de mucho intentarlo, decidimos hacerlo de forma anónima, por escrito. Y empezamos a obtener información: zonas con más prevalencia, las mujeres que se encargan de estas prácticas, las edades a las que se realiza…’.
Con los testimonios en la mano comienzan las visitas a las comunidades, -que siempre reciben a la defensiva-, y la labor de concienciación. También podrían ir a la policía, pero en realidad ‘no serviría de mucho porque lo importante es cambiar la mentalidad’. Así que empiezan ‘las reuniones con el gobierno local, los profesores, los grupos de mujeres y, por supuesto, los líderes tradicionales: sus opiniones son muy importantes y si quieres tener éxito, tienes que trabajar con ellos’. Por último, apunta Honorata, existe otro grupo clave: las encargadas de realizar la circuncisión. ‘Generalmente se trata de mujeres mayores, con cierto estatus dentro de la comunidad. Es necesario convencerlas de los daños de esta práctica y ofrecerles formación para que puedan dedicarse a otros trabajos’.

Rompiendo mitos y tabúes
El camino es largo y la estrategia puede variar, pero generalmente consiste en ir rompiendo tabúes y mitos. El primero, el de que ‘la tradición obliga’, para lo que se ofrecen rituales alternativos y se compara esta práctica con las muchas otras tradiciones que ya no se realizan.

Las estadísticas muestran que el número de víctimas ha disminuido, pero todavía quedan muchos retos por delante. Para empezar, hay que ofrecer refugio a las chicas que huyen de la mutilación. ‘No puede ser que las provoquemos para rebelarse contra esta práctica y luego no podamos acogerlas’, explica Honorata. Precisamente, la construcción de un colegio y centro de acogida es uno de los proyectos que llevan a cabo con la ONG Mundo Cooperante, la que les ha invitado a España.

Porque otro de sus problemas es que dependen, básicamente, de la Cooperación Internacional. ¿Y qué pasa con los fondos gubernamentales? ‘El Gobierno no nos apoya económicamente. A veces incluso ni si quiera se atreven a hablar en público contra la Mutilación Genital Femenina. Algunos provienen de tribus en los que esta tradición está muy arraigada y temen perder votos’, responde esta activista masai.

En esta tesitura, aunque la ley deja claro que la MGF está penalizada, no siempre es tan perseguida como debería. Peor aún, ‘muchos todavía consideran la MGF como ‘cosa de mujeres’, cuando en realidad estamos hablando de tortura y eso es una cuestión de Derechos Humanos’, zanja Honorata

* Texto publicado originalmente en Yo Dona.

 

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