Entrevista a Achmat Dangor, una de las voces principales de la Literatura sudafricana

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De origen indio y nacido en Johannesburgo el mismo año en el que se estableció el Apartheid (1948),  a Achmat Dangor le molesta que digan que nada ha cambiado en Sudáfrica y propone que sean los propios africanos quienes comiencen a luchar contra la imagen de fracaso y desesperanza que ofrece el continente. Vivió la censura en sus propias carnes y fue uno de los precursores del Black Thoughts, movimiento que pretendía llevar la cultura a las zonas negras, pero hoy es optimista. En su Literatura no busca el olvido, sino rescatar la Memoria para sobreponerse a ella.
Achmat Dangor, durante su conferencia en Tenerife. Foto: Aurora Moreno


Los personajes de su última novela, ‘Fruta Amarga’, todavía sufren los problemas no resueltos del Apartheid. ¿Sigue tan presente en el día a día de los sudafricanos?

No es que esté presente físicamente, pero el espacio para la memoria se ha abierto ahora. Antes todo era clandestino, había que esconder mucho, demasiado. En la novela, al igual que en la realidad, todo se abre otra vez y con la apertura viene la expectación de que podremos olvidar y perdonar. Pero antes hay que recordar y eso es lo difícil. En el libro, por ejemplo, la protagonista se niega, no quiere recordar porque eso le hace sufrir.

En cambio, en ‘Trilogía de Z Town’ (1991), la que muchos consideran la novela del Apartheid, usted escribe: “La historia de Z Town no tenía memoria de sí misma y no podía perpetuarse”.

Efectivamente, ése es el cambio que ha vivido Sudáfrica. ‘Trilogía de Z Town’ trata sobre la creación de la Memoria, y ‘Fruta Amarga’ sobre cómo lidiar con ella. Cómo enfrentarse y sobreponerse, porque a veces lo más fácil es olvidar.

En las Jornadas del SILA (Salón del Libro Africano), se ha hablado mucho de los problemas a los que se enfrentan los escritores, especialmente la falta de lectores locales y la búsqueda de público extranjero. ¿Cuál es la situación en Sudáfrica?

Sudáfrica no es muy diferente de otros países africanos, incluso de Latinoamérica o Asia, donde el porcentaje de la población que lee novelas es muy pequeño. No existe cultura lectora todavía y el resultado es que conseguir que tu libro sea publicado en Sudáfrica cuesta muchos años. Mi primera novela salió a la luz 10 años después de escribirla. Uno de los retos a los que nos enfrentamos es cómo plasmar problemas locales sin escribir solo para tu país o tu audiencia, porque efectivamente una parte del público está en el exterior.

Dice usted que no mucha gente lee, ¿podría deberse a la falta de Literatura en idiomas indígenas?

Creo que el lenguaje de aprendizaje en los primeros años debería ser en lengua materna, pero no de forma obligatoria, sino opcional, porque mucha gente te dice “en casa hablamos xhosa, zulu o afrikáans, pero queremos aprender inglés, queremos ser parte del mundo”. La situación debe ser equilibrada. En mi opinión, se debe dar a las lenguas indígenas el lugar adecuado, y que cada cual pueda elegir cuál prefiere.

¿Cuáles son sus sensaciones para el futuro de Sudáfrica?

Yo soy optimista. Mira, la gente que me dice que Sudáfrica no ha cambiado es porque nunca ha vivido allí. No han visto el progreso. Se ha abierto el proceso para el cambio, no sólo político sino también social y están surgiendo nuevos directores de cine, autores, músicos… Nuestros problemas no son únicos y nuestras soluciones tampoco. Debemos aprender de los fallos y los errores que otros países, en Asia o Latinoamérica, han cometido, porque la única diferencia con ellos es que nuestras independencias son más recientes.

Muchos escritores e intelectuales sudafricanos se han manifestado en contra de la restrictiva Ley de Acceso a la Información que pretende aprobar el Gobierno, ¿qué opina usted al respecto?

En general, todos los gobiernos tienen tendencia a intentar ocultar información. Fíjate en Estados Unidos, la mayor democracia del mundo, intentando evitar la publicación de ciertos datos WikiLeaks. Y eso es lo que está pasando en Sudáfrica con esta nueva Ley de Prensa. Precisamente por eso, es obligación no sólo de autores y escritores, sino de toda la sociedad civil, luchar contra las restricciones a la información.

¿Qué hay que hacer para dar a África la voz que todavía no tiene?

Generalmente, África se ve como un gran… lío. Un lío enorme. No tenemos en cuenta las particularidades ni su complejidad. Eso tiene que cambiar y creo que está en manos de los africanos, pero para ello debemos comenzar por creer en nosotros mismos. Aunque no podemos pretender que no tenemos problemas, por supuesto que los tenemos, y muchos: hay que luchar contra las desigualdades, la pobreza endémica y, sobre todo, contra los gobiernos no democráticos.

En cambio, en alguna ocasión ha comentado que son los propios africanos, y los escritores entre ellos, los que ponen la mirada en la parte negativa de África

Sí, es cierto, y deberíamos hacer algo por cambiar esto, pero te pongo un ejemplo que me sucedió a mí mismo. Hace unos años publiqué un libro de poemas, textos que había ido escribiendo durante mucho tiempo y que trataban de amor, de la Naturaleza, de mis propios sentimientos, pero no de temas sociales. La editorial me dijo: “te lo vamos a publicar por el respeto que te tenemos, pero no va a tener ningún éxito”. Y efectivamente así fue, sólo se hizo una edición del libro. Así que no es sólo que los africanos nos centremos en lo negativo, sino que parece que el mundo entero espera de nosotros que continuemos ofreciendo esa imagen de desesperanza.

¿Qué hay que hacer para cambiar esta mirada?
Para empezar, mi próxima novela va a ser muy diferente. Creo que se titulará “Olvida el pasado, por el amor de Dios”. También será triste, sí, pero tratará sobre una mujer joven nacida en el exilio, hija de padres activistas que fueron a vivir a Estados Unidos. Cuando el padre muere, decide regresar a su país de origen, y allí tiene que luchar para encontrar su lugar en la nueva Sudáfrica. Es entonces cuando se da cuenta de que quizás los sudafricanos están todavía demasiado atados al pasado.

Estos días, se está hablando mucho de Internet y el cambio que puede producir en África, ¿qué opina al respecto?

Bueno, a los jóvenes les sirve para sentir que forman parte del mundo. Un joven negro, en un township, va a Internet y puede saber qué está pasando en España. Eso es importantísimo, y creo que en África va a cambiar la manera que la gente tiene de relacionarse con la Literatura. Pero no sé muy bien en qué sentido, eso está por ver.

Publicado en el número de Dic.2010-Enero 2011 de la Revista Leer

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