Mandela: Un hombre libre

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Hoy se cumplen 20 años de la liberación de Mandela. Todos sabréis a estas alturas lo que significó para su país y el mundo y los sufrimientos que tuvo que pasar durante casi tres décadas de cárcel, así que, poco más que decir. Mejor dejar que hable él mismo -especialmente, respecto a la toma de conciencia de la opresión y su evolución política, que creo que es lo que menos se conoce, según lo hizo en su autobiografía: Long Way to Freedom.

El periodico sudafricano City Press reseñaba en su portada, a toda página, la liberación de Mandela, el de febrero de 1990.

Soy incapaz de señalar el momento en el que supe que iba a dar mi vida en la lucha por la liberación, pero en realidad ser un africano en la Sudáfrica del Apartheid significa que uno está marcado desde el momento de su nacimiento, lo sepa o no. Un niño africano nace en un hospital sólo para africanos; es llevado a casa en un autobús solo para africanos, vive en un área destinada solo a africanos, y va a un colegio solo para africanos, en el caso de que vaya al colegio. (…)

Tardé mucho en darme cuenta de que un hombre negro no tiene por qué aceptar las docenas de indignidades dirigidas a él cada día.
La primera vez que vi a un negro, uno de mis compañeros de Universidad, negarse a hacer un recado que le había mandado un blanco -algo habitual en aquellos días- me quedé asombrado e incluso me sentí incómodo con la actitud de mi. Si me lo hubiera pedido a mí, simplemente habría hecho ese recado. (…)
En 1946, una serie de eventos impulsaron mi desarrollo político. La huelga de mineros, en la que participaron 70.000 africanos, me afectó profundamente. Los mineros, que no cobraban más de dos shillings al día, mantuvieron la huelga durante una semana, en perfecta solidaridad entre ellos. La respuesta del gobierno fue durísima. Los líderes fueron arrestados, las casas rodeadas por la policía, y una de las marchas fue brutalmente repelida por las fuerzas de seguridad, matando a 12 mineros. Al final, ganó el estado: la huelga fue suprimida y el sindicato roto. (…)

Yo me encontraba entre los miembros de la Liga de la Juventud que era suspicaz ante la izquierda blanca. Incluso aunque tenía amigos blancos en el Partido Comunista, me preocupaba la influencia blanca en el ANC, y me oponía a realizar campañas conjuntas con el partido. Pensaba que pretendían hacerse con nuestro movimiento bajo el disfraz de la acción conjunta. Estaba convencido de que sólo el nacionalismo africano, no el marxismo ni el multiracialismo, nos liberaría.

[Esta última idea, igual que su recelo hacia los comunistas, la cambió con el tiempo y comenzó a predicar la lucha común por la igualdad de todos].

Por lo general no me gustan las biografías, pero esta la devoré a pesar de lo voluminoso de la obra. Parece mentira que un libro así se pueda comprar por tan poco dinero, pero lo conseguí por menos de cuatro euros en una librería de segunda mano, precisamente en la calle Rivonia, la misma que dio nombre al proceso (Rivonia Trial) que le llevaría a la cárcel condenado a cadena perpetua, por ser allí donde el Congreso Nacional Africano tenía uno de sus lugares de reunión y donde la policía encontró documentación que condenaría a sus dirigentes por sabotaje y traición.

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