Historias de Musina

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Historias.

En diciembre fui con Rubén a Mussina, un pequeño pueblo fronterizo con Zimbabue que por aquellos días se había convertido en poco menos que en un campo de refugiados. Allí llegaban los zimbabuenses huyendo del caos en el que se había convertido su país, y allí se estableció lo que llamaban un ‘showgroun’, unas cuantas tiendas de campaña y tres -ni uno más- baños públicos. Cada día pasaban por la zona dos furgonetas de la Cruz Roja y otras organizaciones para a repartir comida.

Al principio, casi no nos atrevíamos a hablar con nadie. Nos parecía que estábamos invadiendo su intimidad, acercándonos hasta lo que eran sus improvisadas casas y preguntándoles de dónde venían, por qué huían, qué iban a hacer en Sudáfrica. Pero poco a poco fueron surgiendo las conversaciones, el ambiente se hizo más familiar y terminamos hablando de todo un poco, fútbol incluido, por supuesto. [El fútbol debe ser extremadamente popular en Zimbabue. Esta semana he conocido a una señora, de unos 60 o 70 años- imposible adivinar su edad- que trabaja como señora de la limpieza en Sudáfrica y que por las noches ve todos los partidos de fútbol que encuentra por televisión: da igual si es la final de la Copa de Europa que un amistoso de la tercera división inglesa].

En ese viaje conocimos a Kirby, un periodista del Beeld, el primer periódico en afrikaans de Sudáfrica, con el que desde entonces he ido conociendo el país. Kirby es coloured -así se llamaba a los que no eran ni blancos ni negros ni indios durante el apartheid y es una palabra que todavía se sigue utilizando- pero su idioma materno es el afrikaans. Cosas de Sudáfrica.

También allí conocimos a un personaje muy particular. Poeta, artista, dueño de una docena de perros y uno de los muchos sudafricanos que durante su juventud tuvieron que luchar en Angola contra el ’peligro comunista’. En aquellos tiempos Sudáfrica tenía ocupado lo que ahora es Namibia, por lo que hacía frontera con Angola y no estaba dispuesta a permitir que el MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola) se hiciera con el poder.

Fue una guerra complicada como todas, con facciones que se unían y desunían, con potencias extranjeras enviando armas y militares como parte de la Guerra Fría, con avances y retrocesos… pero también una guerra surrealista con Sudáfrica y Cuba luchando entre ellos en territorio angoleño.

Según la Wikipedia, en agosto de 1981, Sudáfrica lanzó en 1981 una operación de ataque con más de 15.000 soldados, tanques y aviones y logró avanzar hasta 200 km. en el interior del país. Sudáfrica, antes como ahora, era la más fuerte de entre todos sus vecinos y sus ataques sólo se pararon con la intervención de Cuba.

Al final, como siempre, resultó que la guerra había sido absurda y que ya no servía para nada. A principios de los 90 el régimen se desmoronaba en Sudáfrica, pero también el comunismo en la URSS, y ambas naciones se retiraban de la contienda. Esto y otros muchos motivos y condicionantes, supongo, llevaron a las conversaciones de paz y unas elecciones democráticas.

La calma duró poco y la guerra volvió a empezar -no acabaría definitivamente hasta 2002-, mientras que Pieter Senekal, el poeta y artista, perdió una pierna y se volvió a casa con decenas de cicatrices para nada.

No es que Pieter nos contara mucho de su estancia en Angola, porque lo que ahora le preocupaba realmente era la situación de estos zimbabuenses, muchos de ellos enfermos de cólera, que no estaban recibiendo tratamiento adecuado ni alimentos ni tenían ninguna esperanza de futuro.

Tampoco es que la falta de una pierna pareciera haberle supuesto ningún problema psicológico -con unos 40 grados a la sombra, Pieter iba por supuesto en pantalón corto y no tenía ningún reparo, para nuestro asombro, en quitarse la pierna y juguetear con ella como si de un bastón se tratara-, pero daría lo que fuera por saber lo que realmente piensa este hombre que dibuja baobas, escribe versos en afrikaans y corre en ayuda de los inmigrantes ilegales que invaden su ciudad sobre el tiempo que, obligado por el régimen del Apartheid, tuvo que pasar en Angola, en una guerra que no iba con él y que, como siempre, fue para nada.

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