“13 céntimos”, de K. Sello Duiker

Un chaval de 12 años sobrevive a duras penas en las calles de Ciudad del Cabo en los años posteriores al Apartheid. A su corta edad, Azur ya lo ha perdido todo: sus padres no están y no tiene más familia ni pertenencias que lo que lleva consigo. Sabe lo que es no tener dónde dormir ni qué comer, pero sobre todo sabe lo que es que le engañen: ya sea para quitarle su dinero o aprovecharse sexualmente de él.

"13 céntimos", de K. Sello Duiker
Portada del libro 13 céntimos, del sudafricano K. Sello Duiker, editado por Baile del Sol.

Azur, ya se lo han imaginado, es negro, y por si eso no fuera suficiente, tiene unos maravillosos ojos azules, lo que le sitúa en tierra de nadie en un país donde las barreras raciales se mantienen todavía muy vigentes. La segregación oficial ha terminado, pero la desigualdad, la pobreza y la violencia siguen ahí. 13 céntimos (editado por Baile del Sol) es una novela violenta, dura, que se lleva por delante la retórica buenista de la nación arcoriris, poniendo el dedo en la llaga en la brutalidad que durante mucho tiempo persistió en las calles de las grandes ciudades. Para sobrevivir, Azur se prostituye con clientes blancos y adinerados, mientras sortea como puede las palizas y el acoso de los jóvenes gánsters negros a los que no les gusta su mirada ni su porte elegante. “Sé lo que es tener miedo”, dice.

No hay descanso ni final feliz posible para el protagonista ni para el lector, que asiste acongojado al paso de las hojas hasta perder la esperanza de que las cosas puedan mejorar. El autor, K. Sello Duiker, que llegó a ser uno de los autores más respetados de la literatura sudafricana, negro, de clase alta y con una historia personal muy alejada de ésta pero también marcada por las diferencias raciales, vomita más que escribe estas líneas contadas en primera persona por el joven Azur de forma extraordinariamente aséptica, como quien habla del tiempo.

Mi madre está muerta. Mi padre está muerto”, repite una y otra vez en las páginas finales el protagonista. Un final plagado de alegorías y visiones apocalípticas, que supone un salto ciertamente abrupto frente al hiperrealismo del principio. Cambio de registro que quizás fuera reflejo de la situación psicológica del autor, Kabelo “Sello” Duiker, que escribió el libro justo después de pasar unos meses de terapia en el hospital. Aunque también hay estudiosos que entroncan este giro con la tradición africana de espíritus y brujos, e incluso con un realismo mágico a la africana, siguiendo los pasos del nigeriano Ben Okri y su novela ‘The Famished Road’ (La carretera hambrienta) (1991). Sello Duiker nunca explicó mucho sobre este libro que le valió numerosos premios internacionales. Cinco años después de su publicación, en el momento álgido de su fama, se suicidó. Tenía entonces 31 años.

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