Sueños en tiempos de guerra

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Portada Sueños en tiempos de guerra.
Publicado en 2016 por Rayo Verde. Traducción de Rita da Costa.

“Me enseño que uno podía escribir sobre lo cotidiano sin renunciar a ser interesante”, escribe en un momento del libro Ngũgĩ wa Thiong’o en referencia a uno de sus amigos / maestros. Y quizás esta sea uno de los mayores logros de Sueños en tiempo de guerra, (Rayo Verde) unas memorias de infancia en las que se entremezclan las historias más sencillas – los juegos, la relación con su madre,  las clases y las historias de su familia-, con un verdadero retrato de la colonización en la que no importan tanto los momentos históricos (de los que también se habla) como los sentimientos, principalmente de humillación y frustración, que el dominio británico iba provocando los habitantes del país.

Un retrato que dibuja la vida en una pequeña aldea de Kenya en los años 40 y los profundos y rápidos cambios que van impactando en la vida de sus habitantes a través de los ojos de un niño que a partir de retazos de historias –escuchadas o leídas en trozos de periódicos-, conversaciones o la simple observación, va sacando sus propias conclusiones.

Habla el pequeño Ngũgĩ de la relación con la tierra y lo que significaba perderla: –”aprendí que nuestra tierra no era exactamente nuestra (…) Cómo habíamos acabado convertidos en ahoi en nuestras propias tierras. ¿Acaso habían pasado a manos de los europeos?”-, del  trabajo como mano de obra esclava, del establecimiento de grandes plantaciones, o de la escuela colonial; historias en las que se entremezclan las canciones tradicionales, el movimiento anticolonial, la lucha del Mau-Mau, las manifestaciones y las sentadas, las referencias a Jomo Kenyatta…

Thiong’o nos cuenta, por ejemplo, la formación de la ciudad de Nairobi, que en sus inicios no fue más que un centro logístico donde almacenar el material destinado a construir el ferrocarril; nos habla de la participación africana en la primera Guerra Mundial, con los soldados y porteadores al servicio del Carrier Corps  y de grandes líderes nacionales, como Harry Thuku o Nyanjirü Müthoni, de la que muy pocos han oído hablar.

El ferrocarril también transformó a los campesinos africanos en mano de obra autóctona, ya que, tras perder sus tierras, no les quedaban más recursos que sus brazos,que ponían al servicio de los colonos blancos –cuando no los obligaban a trabajar por la fuerza- a cambio de jornales míseras…

Al mismo tiempo, de su lectura destaca la fascinación por aprender y conocer de este pequeño nacido en una familia muy humilde –y para nada idealizada en el relato: aparece como repleta de dificultades y desencuentros-, en la que comer una vez al día era casi un lujo y que incluso después de ser admitido en la escuela estuvo a punto de no poder ir por no disponer de ropas y zapatos adecuados.  Un relato de lo cotidiano en el que sobresale la manera de contar las relaciones familiares y el día a día, a través de los pequeños detalles bien trufados de descripciones de comidas, olores y modos de vivir y pensar.

También queda claro el interés y el gusto de Thiong’o por la narración oral, en la que el público interactua con el narrador -le para, le pregunta y le cuestiona-; un interés que quedaría patente luego en su pasión por las letras y su firme defensa de la importancia de la escritura y la educación en las lenguas nativas. Temas que más tarde, ya como escritor respetado, desarrollaría en sus libros, y que siempre está presente en su discurso.

Es, en definitiva, un magnífico volumen para acercarse a la Kenia colonial y a los acontecimientos que marcaron la vida de su población. Pero, también, para conocer la historia más personal de este gran escritor, reconocido ya en todo el mundo. Un relato que se corta abruptamente cuando, tras muchos incidentes, (incluido el hecho de que un africano no podía subirse a un tren sin un salvoconducto emitido por el gobierno, a causa de una ley promulgada bajo el estado de emergencia), el joven Ngugi consigue por fin coger el autobús que le lleva a la escuela superior en la que ha sido admitido, cumpliendo así la promesa que le hizo a su madre de “hacerlo siempre lo mejor que pudiese, de seguir soñando incluso en tiempo de guerra”.

El lector se quedará, seguro, con ganas de saber más, de ver cómo evoluciona este relato que bien podría ser una novela pero que es en realidad mucho más. Pues está de suerte: quedan todavía dos partes más de estas memorias; la segunda, editada ya en castellano también Rayo Verde, con el título: ‘En la casa del intérprete’.

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