Las mujeres y el feminismo en Ken Bugul

En 'Riwan o el camino de arena', Bugul retrata la vida de las mujeres en una familia polígama al tiempo que lanza un dardo a la mirada eurocéntrica y las actitudes paternalistas.

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Ken Bugul, en el SAlón del Libro de París. Foto: By Georges Seguin (Okki) – Own work, CC BY-SA 3.0

Una de las particularidades del discurso de Ken Bugul, muy crítico como hemos visto con el mundo occidental, es su relación con el feminismo. En diversas entrevistas ha explicado que no se siente feminista y que “hace falta luchar como individuo, no como mujeres”:

“Las mujeres no podrán ser hermanas porque cada mujer representa un peligro potencial para las otras, sobre todo si es joven y hermosa, educada y competente. (…). Incluso a nivel político o social, las mujeres juegan a ser hombres. Como si quisieran probarse su capacidad para ser como ellos. Las mujeres sólo tienen que ser ellas mismas, individuos ante todo y después mujeres y cesar la victimización, que es una confesión de debilidad. Hace falta luchar como individuo, no como mujer (…). Yo soy un individuo y, de manera accesoria, una mujer”.

Sin embargo, en sus obras se desprende una honda preocupación por la situación de las mujeres. De hecho, sus textos giran en torno al universo femenino, sus problemas, sus éxitos y fracasos y las dificultades a las que deben hacer frente allá donde se encuentren: “Las mujeres, todas las mujeres, tenían el mismo destino”. (…) Me preguntaba si las mujeres no vivíamos las mismas cosas en todas partes”, escribe en El baobab que enloqueció.

Y en este constante cuestionamiento sobre la situación de las mujeres es donde aparece su defensa de la poligamia como un sistema de organización familiar que, en determinados casos, puede ser mejor que la tradicional vida en pareja occidental. “Allá en el pueblo, los hombres no engañaban a sus mujeres. Pasaban las veladas juntos, hasta que el hombre se fijaba en otra mujer a sabiendas de todos y se casaba con ella”. (P. 67)

La cuestión de la poligamia
Riwan o el camino de arena, de Ken Bugul, repasa la vida de las mujeres en el seno de una familia polígama.

Un discurso que ha provocado grandes polémicas, especialmente a raíz de la publicación de su segundo libro, Riwan o el camino de arena, que apareció en 1999 levantando un enorme revuelo en el feminismo occidental. En esta novela, la autora retoma su propia historia, y lo hace en primera persona, para contar cómo, después de los sufrimientos vividos en Bélgica y París, terminó encontrando la paz interior en su Senegal natal al convertirse en la 29ª esposa de un seriñe, un líder espiritual que le transmitió todo lo que necesitaba para reencontrarse consigo misma.

Allí, compartiendo patio, vida y marido con otras 28 mujeres, es donde encontró su lugar en el mundo, según ella misma escribiría. En una entrevista publicada en el libro Africana. Aportaciones para la descolonización del feminismo, dice: “Riwan, Rama y la narradora son los personajes centrales. Si los mezclamos, aparezco yo. (…) Con respecto a mí, mi experiencia y bagaje intelectual hacían que necesitara analizar lo ocurrido. Necesitaba más tiempo que Riwan para reencontrar la paz. Poco a poco, el seriñe consiguió tranquilizarnos a las dos”.

Un espacio, el del patio de las mujeres, donde viven todas las esposas del seriñe, que se convierte en un lugar de tareas y crianzas compartidas, lo que le permitiría tener tiempo para dedicarse a ella misma, a buscar la serenidad interior y a su crecimiento intelectual. Todo lo contrario de lo que había vivido en su experiencia anterior, en Europa, donde la falta de recursos, el racismo y el aprovechamiento que los hombres quiserion hacer de su cuerpo estuvieron a punto de volverla prácticamente loca. Frente a eso, el seriñe transmite paz, orden, estabilidad. “El encuentro con el seriñe anula la soledad y refcompone la armonía rota“, escribe Inmaculada Díaz Narbona en el prólogo de la edición española (Ediciones Zanzíbar, 2005).

Sin embargo, más allá de la defensa de la poligamia, lo que de verdad Bugul defiende es la libertad de elección, dejando claro que lo que es bueno para unas puede no serlo para otras. Así, en el libro encontramos también la historia de la joven Rama, casi una niña, a la que su padre entrega al Serine a modo de ofrenda. Rama no puede ni quiere rendirse a su desdichado destino. Y ahí aparece también la crítica a la tradición:

Vivir era vivir conforme a las reglas que regían su entorno, su medio, su especio vital, sobre todo cuando el entorno era tan restringido, donde todo el mundo se conocía (…) Rebelarse suponía condenarse a una muerte cierta. No a una muerte física, sino a una muerte mental, social, cultural, si se quería continuar viviendo en el seno de la comunidad. El aislamiento sería tal que para sobrevivir habría que estar loco, y ni siquiera la locura sería una excusa válida”. (…)

Las recomendaciónes todavía resonaban en sus oídos:  “Pórtate bien / No olvides que eres propiedad de un santo / Sé correcta con las otras esposas del seriñe / Muestra que has recibido una buena educación / Sé una mujer sumisa / Doblégate a la voluntad de tu marido / No te metas en lo que no te importa / Que tus ojos no vean nada / Que tus oídos no oigan nada / Que tu boca no diga nada /  Que tu pie sea corto / Que tu mano sea corta /  Sé sorda, muda y ciega.  / No lo olvides, sométete a su voluntad”.

Además, esta novela es, también, una forma de cambiar la percepción de las mujeres africanas como seres sumisos, es un dardo a la mirada eurocéntrica y a la actitud paternalista que se desprende de ella. Así, las mujeres africanas se rebelan como personas activas, inmersas en un entorno en el que las risas, la lectura, la sensualidad y el erotismo están continuamente presentes; mujeres que piensan, deciden y actún por sí mismas. Se nos quiere hacer creer que la mujer africana siempre está en el campo o en el mercado transportando algo en la cabeza o en la espalda. Se imaginan que no hacemos bromas, que no hablamos y que no conocemos nada. ¡Pero es falso!”, dice Bugul en la mencionada entrevista.

Una situación, en definitiva, que a ella misma le permitió encontrar su lugar en el mundo, centrarse y entenderse: “En la aldea había encontrado mi lugar, me desarrollé en más de un aspecto. Me reintegré en la sociedad y cumplí mis compromisos para con ella con alegría. Ya no me sentía aislada”. Pofque, como destaca ella misma en el libro, “mucha gente ha vivido feliz hasta que le dijeron que no era así como debía vivir”.

 

** Esta entrada es la segunda parte (la primera se puede leer aquí) de mi colaboración con el proyecto #AdoptaUnaAutora, que tiene como objeto “dar a conocer la vida y obra de autoras pertenecientes a todas las épocas, nacionalidades, lenguas, y géneros literarios”, y que surgió de la constatación de que las mujeres escritoras son mucho menos conocidas que sus homónimos varones.  En su origen estuvo otra iniciativa similar que invitaba a leer autoras durante el mes de Octubre y que en twitter se convirtió en #LeoAutorasOct  Podéis leer más información y conocer a un montón de autoras nuevas en el blog y, si os apetece, sumaros a la iniciativa. ¡Que todavía quedan muchas escritoras por adoptar!.

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