¿Por qué la Comunidad Internacional apoya el referéndum de Sudán?

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Si todo sigue el guión previsto, dentro de unos seis meses Sudán del Sur se convertirá en un país independiente, el Estado numero 54 de África y, previsiblemente, el 193 de Naciones Unidas. Será, además, una rara avis en el panorama mundial: uno de los pocos países que ha conseguido reorganizar sus fronteras coloniales. Y, sobre todo, será la excepción a una regla que la Unión Africana -al igual que casi todas las organizaciones supranacionales- se había prometido no romper jamás: la de no tocar las fronteras heredadas porque la alternativa de un continente plagado de miniestados se antojaba peor que la realidad.

Mapa de África según sus etnias. Fuente: The New York Times

¿A qué se debe este cambio de postura por parte de casi toda la Comunidad Internacional? Partimos de la base de que las reivindicaciones del pueblo sursudanés son absolutamente legítimas y que el Gobierno de Jartum ha dado sobradas pruebas de no estar dispuesto a integrar y tratar de igual a igual a los pueblos del Sur. Pero sabemos que esto por sí solo no es ni mucho menos suficiente para que el mundo entero se ponga de parte de los oprimidos, presione a los implicados, invierta millones de dólares en un referéndum y acepte a la ligera el nacimiento de un país que puede sentar precedente en un futuro próximo.

Jeffrey Gettleman, responsable del New York Times para África del Este escribe en un artículo, titulado “A colonial curse come up for a vote“, algunas de las causas que han podido favorecer este apoyo al Sur de Sudán:

– El fuerte apoyo católico a sursudán, que ha hecho que éste no sea uno más de los conflictos olvidados del mundo.
– Las ingentes cantidades de petróleo que se encuentran en territorio de Sur Sudán.
– El apoyo de Al-Bashir -buscado por genocidio por la Corte Penal Internacional- al Ejército de Resistencia del Señor, un grupo rebelde especialmente sádico que actúa impunemente por la zona.

Tambien señala Gettleman que podría sentar un precedente para otros lugares, empezando por el Sáhara Occidental y siguiendo por el enclave angoleño de Cabinda, la región de Ogadén en Etiopía y, por supuesto, Somalilandia alegando que la falta de sentimiento nacional y la división en diversas tribus o grupos étnicos es denominador común en un buen número de países africanos.  Y tiene razón, pero debemos recordar que la diversidad étnica no implica, necesariamente y por sí sola, conflictos y guerras -miren por ejemplo a Ghana-; al igual que la uniformidad tribal no augura por sí misma un futuro féliz -véase Zimbabwe-.

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