El día a día en los Centros de Internamiento (CIEs)

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Coincidiendo con el Día Internacional del Migrante, -18 de diciembre-,  Pueblos Unidos ha presentado su informe sobre la situación de los inmigrantes retenidos en el CIE de Aluche. Son 25 páginas en las que se recoge el trabajo de los voluntarios que, durante todo el año, han visitado a los internos del Centro de Internamiento de Extranjeros y han compartido con ellos sus problemas.

Imagen de la exposición ‘Fronteras invisibles’, sobre las continuas redadas de inmigrantes irregulares en Madrid.
Puede verse hasta el día 23 de diciembre en la Parroquia S.Francisco Javier, en C/ Mártires de la Ventilla, 34.
Del informe, titulado 100 ventanas a 5.000 vidas truncadas, se extraen algunas conclusiones preocupantes, como que no existe información oficial, que los internos se sienten perdidos e indefensos y que la transparencia es casi inexistente:
         “En un 18% de los casos no consta si la persona fue expulsada de vuelta a su país, puesta en libertad o trasladada a otro centro”. Existen muchísimas quejas por la falta de información a las familias cuando el internos es trasladado, y los policías alegan que el interno no es competencia suya una vez salen del centro. La película The Visitor refleja bien esta situación.
         Los internos tienen muchas dudas en torno a sus abogados, y, de vez en cuando, aparecen por el CIE abogados de pago que prometen sacarlos prontamente, siempre, claro, previo pago de una generosa cantidad.
        Los inmigrantes viven “angustiados, preocupados, desamparados y con miedo”, debido principalmente “al clima de tensión reinante en el centro, a la actitud poco respetuosa de muchos policías, al no saber cuándo te expulsarán…” y al hecho de que en el mismo centro convivan “personas con antecedentes penales con otros internados tan sólo por estancia irregular”.
        Se sienten aislados, ya que en muchas ocasiones sus familiares no pueden entrar a visitarlos al ser ellos mismos irregulares y exponerse a un expediente o a ser internados.
         Por último, ha habido quejas por malos tratos, por atención médica deficiente y por las largas colas que hay que esperar para las visitas.
Imagen de la exposición ‘Fronteras Invisibles’.
Una situación, en definitiva, que recuerda más a la de las cárceles que a un lugar de reclusión temporal para personas que no han cometido más delito que el de entrar ilegalmente en el país.

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