Alice Nkom, presidenta de la Asociación para la Defensa de los Presos Homosexuales en Camerún

"Ayudamos a los jóvenes que son denunciados o van a la cárcel por ser homosexuales".

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“Africana, abogada, madre de dos niños, abuela de ocho y defensora de gays y lesbianas”. Así se presenta Alice Nkon, presidenta de la Asociación para la Defensa de los Presos Homosexuales (ADEFHO, según sus siglas en inglés) en Camerún. A sus 65 años, y después de haber sido una de las primeras juristas licenciadas en su país, poco le importa el qué dirán. Sí le preocupa, en cambio, ver cómo muchos padres repudian a sus hijos por su orientación sexual, que el miedo a las represalias impida a sus conciudadanos unirse a su causa y que la homosexualidad siga siendo un tema tabú. Por eso, la semana pasada estuvo en La Laguna, Tenerife, para participar en la I Conferencia sobre Derechos Humanos de las personas LGBT en África y hacer oír su voz.

Alice Nkon, durante su estancia en La Laguna. Foto: Aurora Moreno Alcojor

¿Cuál es la situación de los homosexuales en Camerún?
La homosexualidad está penada con condenas que van desde los seis meses hasta los seis años de cárcel. Pero esta ley se contradice con nuestra Constitución, en la que se contempla la Declaración de Derechos Humanos, según la cual debemos “proteger a las minorías sin excepción” y eso nos deja algunos resquicios legales para ir trabajando.

– ¿Cuándo comenzó a trabajar con este colectivo?
La verdad es que fue hace relativamente poco. Yo he estado ejerciendo como abogada durante 42 años, y no fue hasta 2003 cuando empecé a tratar temas de jóvenes detenidos o encarcelados sólo por el hecho de ser homosexuales. Sólo desde entonces, que yo tenga constancia, ha habido más de 30 detenidos.

-¿Ha habido represalias contra usted o su asociación por su trabajo?
Las represalias comenzaron ya en el mismo momento en el que fui a registrar la asociación. Me aconsejaron, por decirlo de alguna manera, que retirar la palabra ‘homosexualidad’ del nombre. Pero no lo hice y ya llevamos siete años funcionando. Además, en Internet y en la prensa de mi país ha habido comentarios agresivos contra nosotros e incluso incitaciones al crimen. Pero lo que más me preocupa es que esto impide a mucha gente unirse a nuestra asociación.

– ¿Se nota ese miedo?
– Sí, y mucho. A veces me siento muy sola en esta lucha. De hecho, no somos demasiados miembros, pero estamos decididos a hacer ruido. Hay cuatro chicos jóvenes trabajando conmigo, estudiantes con mucho coraje que trabajan como voluntarios y de los que me siento orgullosa. Yo me estoy haciendo mayor y me gustaría que ellos continúen trabajando con la asociación, pero es muy difícil, no tenemos financiación y, de hecho, yo tengo otro trabajo, que es el que me permite sobrevivir.

– ¿No hay más mujeres en la asociación?
– Sí, otra más, pero fue dificilísimo ayudarle a salir del armario. Ahora, poco a poco, está volviendo a tener confianza en ella misma y se ocupa del trabajo con las chicas lesbianas.


– Aparte de la situación legal, ¿cuál es la percepción de la sociedad sobre la homosexualidad?
– Muy mala, la verdad, pero es debido a la ignorancia. Creen que queremos promover la homosexualidad o algo así y además la homofobia está muy extendida, por culpa de la tradición y la religión. Por ejemplo, no podemos trabajar con jóvenes o hacer talleres con ellos porque creen que les estamos ‘reclutando’.


– ¿Entonces, cuál es su trabajo principalmente?
– Lo que hacemos es ayudar a los chicos que son denunciados o van a la cárcel por ser homosexuales. Yo les ayudo legalmente, porque muchas veces los policías y los jueces se sobrepasan en su aplicación de la ley. Pero por otro lado, y esto también es muy importante, nuestra asociación es la única que se publicita abiertamente como de ayuda a los homosexuales y lo hacemos con el objetivo de crear un debate en torno a este tema. Eso es lo primero, que se hable del asunto, que se conozca y se vayan borrando mitos. Ahora la gente está empezando a hablar y, para bien o para mal, todo el mundo tiene algo que decir.


– ¿Tiene esperanzas en el futuro?
– Por supuesto que sí. Y precisamente es el ejemplo de países como España, que han cambiado tanto en tan poco tiempo en lo referido a los derechos de los homosexuales, lo que me da esperanzas para seguir adelante.

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