Lesotho, el ‘reino en el cielo’ (II)

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Lesotho, el ‘reino en el cielo’ (II)
[Caminante, haz una pausa y observa la entrada
al paraíso. Inscripción realizada por el aventurero
inglés Mervyn Smith en 1905. Foto: Aurora M. Alcojor
Tomando la carretera principal que parte desde Maseru hacia el sur se llega hasta Morija, donde perviven todavía varios edificios del siglo XIX y un pequeño museo de historia. A unos  45 kilómetros,  por una carretera de fácil conducción, se encuentra el pueblo de Malealea, con el albergue del mismo nombre. Fundado en 1905 como una pequeña tienda-almacén por un aventurero inglés, Mervyn Bosworth Smith, hoy es un proyecto de turismo responsable que sirve como base para comenzar la ruta a caballo por los poblados más remotos del país. Con un pequeño generador que provee de luz y agua caliente hasta las 10 de la noche y las típicas cabañas basotas acondicionadas para el turista, el albergue utiliza guías y ponys locales y ofrece paseos a caballo que pueden durar desde unas pocas horas hasta varios días. A unos 6 kilómetros del albergue, todavía se puede ver la placa de bronce en la que Smith dejó escrito: “Wayfarer, pause and look upon a gateway of Paradise” (Caminante, haz una pausa y observa la entrada al paraíso).

Lesotho, el ‘reino en el cielo’ (II)
[Cascadas de Botsoela, en la época seca]

Para quienes disponen de menos tiempo, resulta imprescindible visitar las cascadas de Botsoela, con una caída de agua muy variable según la época, pero siempre impresionante por sus colores y el escarpado camino que baja hasta ellas. Llegar no es fácil, pero sin duda el baño y las vistas merecen la pena.

La otra opción es realizar una ruta más larga, de hasta cinco días, visitando las aldeas más escondidas y durmiendo, generalmente, en la casa del jefe o jefa del poblado. Durante el viaje se pueden visitar las cascadas de Ribaneng, pasando a través de hermosos valles y montañas, cruzando ríos a caballo y comiendo al aire libre. El guía se encarga del agua y los víveres –el espacio para el resto del equipaje es muy limitado- y lo único que el visitante tiene que hacer es disfrutar del paisaje y, todo hay que decirlo, acostumbrarse al caballo –las agujetas se pasan al segundo día–.

Lesotho, el ‘reino en el cielo’ (II)
Grabados del pueblo San.

En el mismo viaje es imprescindible visitar las pinturas rupestres de la tribu de los San, también llamados bosquimanos, según el nombre que dieron los primeros colonizadores holandeses a los ‘hombres del bosque’. Entre las pinturas destacan las representaciones del ‘eland’ -antílope–, un animal típico de la zona considerado sagrado por los San. En algún caso, pueden decepcionar al visitante, ya que no son comparables con otros vestigios como las pinturas de Altamira, pero el buen estado en el que se encuentran tiene mérito especial por encontrarse al descubierto y no haberse realizado ningún trabajo de conservación en ellas.

Lesotho, el ‘reino en el cielo’ (II)
Maluti, cerveza nacional de Lesotho. En la pintura aparece uno de los símbolos típicos del país: el gorrito puntiagudo terminado en una especie de borla.

De vuelta a la ‘civilización’, hay que visitar el pueblo de Malealea, cuyos habitantes, tradicionalmente dedicados a la agricultura, se han especializado también en  la realización de artesanía y cerveza al modo tradicional que, como buenos invitados, resulta obligatorio degustar.

Lesotho, el ‘reino en el cielo’ (II)
Dentro de la olla está el secreto. Si te acercas, no dudarán en ofecerte un poco.

Si te acercas a alguna casa a la hora de la comida, puede que te ofrezcan pap, una espesa pasta blanca con sabor a palomitas mojadas o algún que otro plato típico del lugar. Pruébalo: no es más que maíz hervido y agradará a su anfitrión, porque existe un verdadero interés por parte de los lesothianos en que el turista conozca su modo de vida, algo que no es difícil dado su facilidad para entablar conversación, aunque sea chapurreando el inglés.Será por su forma de ser o porque han asumido que el turismo es su única tabla de salvación en un lugar en el que el  PIB por habitante es de unos dos euros diarios y existe un 45% de paro, pero el caso es que la acogida al visitante es cálida y alegre a la vez que natural, sin excesos ‘prefabricados’.

3 comentarios

  1. Hola Cátiva,
    Claro que vale la pena agregarlo, de hecho yo soy seguidora de Afrigadget a través del feed, pero no sabía que existía la versión en español, así que me la apunto ahora mismo, que siempre es más cómodo:) y os pongo en la lista.
    Saludos!

  2. Hola Aurora, te he descubierto a través del blog de Irreductible, y me gustaría darte a conocer el blog que escribo (traducción de uno en inglés llamado Afrigadget) por si consideras que vale la pena agregarlo a tu lista de blogs sobre África, ya que encuentro difícil promocionarlo en España y dar a conocer lo que pretendo, una visión de África con más dimensiones de las que habitualmente se dan.

    Por cierto la lista es fantástica, me habría venido muy bien el verano pasado, cuando estaba buscando blogs en español que hablaran de ese atrayente continente.

    Un saludo cordial.

  3. Qué pasada Auro, relato entretenido y fotos espectaculares (impagables también las acotaciones que haces en ellas).

    Por cierto, gracias por colgar el poema del mundial, bonita sorpresa 🙂

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