Los políticos, y no el asesinato de Terreblanche, son los que desatan las tensiones raciales en Sudáfrica

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    Este domingo fue asesinado en Sudáfrica Eugene Terreblanche, un granjero blanco, a manos de dos de sus empleados, a los que supuestamente no había pagado el dinero que les adeudaba por unos trabajos. El asunto no habría sido más que un asesinato más de los muchos que a diario se cometen en el país -estos días se habla y mucho de los más de 3.000 granjeros asesinados desde que acabó el Apartheid- de no ser porque Terreblanche era, nada más y nada menos, que el líder del Movimiento de Resistencia Afrikaner (Afrikaner Weerstandsbeweging), un partido de ideología nazi que defiende la supremaciá blanca. Su biografía es todo un ejemplo de que todavía quedan nostálgicos del Apartheid en Sudáfrica y entre sus hazañas figura la de haber pasado cinco años en la cárcel por estar a punto de matar a unos de sus empleados negros a golpes.

    Este hecho ha llevado a varios periódicos a hablar de un resurgimiento de la tensión racial en el país y ha obligado al propio Zuma a pedir “calma” a la población. Se teme que los sectores más racistas utilicen la muerte de Terreblanche como excusa para tomarse la venganza por su mano y que, a su vez, esto pueda provocar una contrareacción de la población negra.

    El caso tiene además ramificaciones políticas, ya que no han sido pocos los que han acusado al líder de las Juventudes del Congreso Nacional Africano, Julius Malema, de incitar al odio a los blancos debido a sus declaraciones y a su costumbre de cantar en público una canción de los años de lucha contra el Apartheid en la que se animaba a “matar a los bóers, matar a los granjeros”. El Tribunal Supremo le ha impedido utilizarla en los mítines, pero él, con el apoyo de buena parte del CNA, hace caso omiso de los jueces.

    En el año que estuve en Sudáfrica no encontré a nadie hablar bien de este personaje de 28 años que no tiene estudios pero que ha conseguido medrar en el partido y convertirse en el portavoz extraoficial, el que dice lo que le viene en gana cuando le apetece, y al que su partido arropa escudándose en su juventud y en que es la voz de la calle. Una afirmación esta última que nadie corrobora ya que los blancos lo ven como el hombre que va a llevar al país al desastre y los negros como un aprovechado que vive del cuento.

    No creo que se deba culpar a Malema del asesinato de Torreblanche, pues no sería más que otra forma de seguir incitando al odio racial, pero sí que alguien debería pararle los pies a este tipo, al que ya han condenado por sus afirmaciones machistas en más de una ocasión.

    Por otro lado, tampoco sería justo presentar a los blancos como las víctimas en esta situación, ya que hoy en día la población más desfavorecida sigue siendo claramente la mayoría negra que todavía no ha alcanzando un nivel de vida ni remotamente parecido al de los blancos, a pesar de que esté de moda hablar de la pobreza entre los blancos.

    Lo que sí deberían hacer los políticos sudafricanos, de uno y otro lado, es mostrar más altura de miras y dedicarse a arreglar todos los problemas a los que se enfrente el país en vez de estarse echando muertos encima. Pero claro, esto es mucho más fácil que trabajar por un futuro que, quieran o no, tendrá que ser construido en común.

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