La vida en un semáforo

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Esta familia siempre está aquí, sentada en este semáforo.

La vida en un semáforo

Los veo cada tarde cuando vuelvo del curro. La calle es Rivonia, y mi casa está un poco más adelante, así que lo normal sería que fuese en el carril de la izquierda y pasara de largo, pero justo en este cruce en el que están ellos es el que tengo que coger para ir al super o al videoclub, así que por unas cosas o por otras, al final casi cada día giro a la derecha justo donde ellos están.

Generalmente es la madre y la hija; el padre sólo está de vez en cuando. La madre está ahí pero no pide ‘activamente’, sólo se levanta cuando alguien le va a dar algo. No se acerca a pedir a cada coche. Suele estar jugando con la niña, dándole de comer, hablando con la vendedora del periódico de los ‘sin techo’ (algo así como La Farola que había en España) o simplemente mirando a los coches que pasan.

Siempre está sentada, contra la farola, o en una pequeña piedra que han puesto ahí (sobre la que está sentado el padre en la foto). Probablemente se ha dado cuenta de que quien no le va a dar nada no se lo va a dar por mucho que pida, y a la inversa, y ha decidido simplemente vivir tranquila y disfrutar de su hija.

Yo nunca les doy dinero, pero a veces sí algo de comida, aprovechando que salgo justo del Spar o que ese día no me he comido la fruta. Un día le di una caja de lápices que me habían dado en una conferencia. Eran lápices pequeños, de colores, y pensé que a lo mejor la madre lo guardaría como un ‘pequeño tesoro’. Pero todo lo contrario, se los dio a la niña, que se puso a pintar con ellos en la acera, supongo que destrozándolos al instante.

En fin, una vida en un semáforo. ¿Qué será de esa niña cuando tenga cuatro o cinco años más? ¿Podrá ir al colegio?, ¿encontrará un trabajo?, ¿podrá cambiar su vida? o, simplemente, ¿tendrá que buscarse un nuevo semáforo?.

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