El viaje ‘al centro’ de Johannesburgo

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    Este sábado, por fin, pude ir al centro. Sí, lo sé, ya era hora, pero qué queréis que os diga, el centro es, según todos, ‘el sitio peligroso al que nadie debe ir’ y claro, nadie quería venir conmigo. Y claro, yo no quería ir sola. Así que así llevaba cuatro meses, en un quiero y no puedo que me estaba consumiendo.

    Pero por fin el sábado se acabó la espera. Fui con un chico que lleva unos días en casa y que ya había ido un par de veces y conocía al menos dónde coger el ‘taxi’.

    Aquí hay taxis tal y como los conocemos en España y otros que son una especie de transporte colectivo a medio camino entre autobús y taxi. Parece ser que los hay por toda África con nombres distintos: ‘chapa’, ‘colectivo’, ‘combi’…

    El viaje 'al centro' de Johannesburgo

    La combi tiene un inicio y un final fijos, pero luego va diseñando las paradas a medida del consumidor. No sé exactamente por qué no llevan un cartelito diciendo a dónde se dirigen, supongo que porque cambian muy a menudo de trayecto, pero el caso es que el que se quiere subir a ella hace una seña desde la calle y, si el conductor va hacia allí, se para y te coge.

    Lo de las señas tiene también su truco, porque no sólo dependen de a dónde vayas sino de dónde estés. Por ejemplo, desde Morningside, mi barrio pijo, tienes que alzar un dedo hacia arriba si quieres ir a la Central Station. Pero si estás en Mellvile, el barrio bohemio, tienes que poner la mano estirada en horizontal para ir al mismo destino.

    No es difícil en realidad, pero parece que asusta un poco, por si haces la seña equivocada y acabas en cualquier sitio menos en tu casa.

    El caso es que el sábado bajamos a Rivonia, la calle principal y, tuvimos suerte, la primera combi que pasó iba hacia el centro, así que allí nos montamos.

    La combi no es más que una furgonetilla en la que caben hasta 13 pasajeros, todos sentados, y en la que el conductor conduce como un taxista de Madrid, ya os imagináis. Como no hay paradas específicas, muchas veces va pitando a la gente que pasa por la calle, por si quieren subirse, y no duda en cruzar tres carriles de golpe si es necesario. En realidad, no sé si es más peligroso ir dentro o en tu coche pero a su lado, y el tema está despertando bastante polémica en Sudáfrica donde ya se han producido miles de accidentes por su manera de conducir.

    Pero lo más curioso de todo es el ‘sistema de pago’. Depende de adonde vayas, cuesta entre 7 y 9 rands, no más (unos 70-90 céntimos de euro), pero el pago se hace de una manera bastante particular. Los que están atrás van pasando el dinero a los de delante para que se lo den al conductor. Y la vuelta se recibe igual, pero en dirección inversa.

    En nuestro caso fue así: éramos dos así que dimos 20 rands a la señora que estaba a nuestro lado y le dijimos “for two”. Ella iba con una amiga y tenían 50 rands, así que se quedó nuestros 20 y le dio los 50 a la de delante, diciendo “for four”. Así se van acomodando los billetes entre unos y otros para pagar al conductor. Luego éste da las vueltas, que van de adelante a atrás según el mismo sistema. La clave es intentar no sentarte adelante. Además, es conveniente llevar cambio, claro, porque perfectamente puede pasar que el conductor devuelva una moneda de 2 rands para dividir entre dos. Nunca es mucho dinero, pero si te pasa cada día, es dinero.

    Aparte de eso, el viaje fue bastante tranquilo. Nadie nos miró raro, nadie nos dijo nada y, sobre todo, nadie nos robó ni lo intentó, a pesar de todo lo que digan ‘Internet’, las guías de viaje y las agencias de turismo.

    Además era a primera hora de la mañana, así que no hacía demasiado calor ni había tráfico. En media hora estábamos, por fin, en ‘el centro’.

    Continuará…

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