Ellas también cuentan: antología de escritoras africanas

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Ellas [también] cuentan, Antología inédita de narrativa breve y poesía de escritoras africanas de expresión inglesa es un compendio rico y diverso, tanto en temas como en épocas y disparidad geográfica, de la literatura africana escrita por mujeres. Mujeres africanas, negras y angloparlantes, para ser más exactos. Una recopilación de textos que, en palabras de su autor, Federico Vivanco, pretende dar voz “ a aquellas mujeres que han sido relegadas por un sistema patriarcal, machista, comercial o editorial, y otorgarles su verdadero lugar”.

En este libro encontramos relatos que recogen desde la época de la esclavitud hasta la actualidad más reciente; que nos llevan desde Ciudad del Cabo a Accra y desde el Apartheid a la guerra de Liberia. Un recorrido amplio por la geografía angloparlante del continente en forma de relatos, poemas y un pequeño extracto del ensayo Male daughters, female husands, de la antropóloga Ifi Amadiume. Veinte mujeres elegidas de entre un gran número de escritoras que nos permiten conocer a figuras de las que apenas hemos oído hablar en España, y que cultivan el relato corto o la poesía. Quedan por lo tanto fuera grandes escritoras, bien porque se dedican a textos más largos, porque ya estaban traducidas o simplemente porque era “imposible abarcarlas a todas”.

Entre las que sí están, encontramos a Zoe Wicomb, Melissa Tandiwe Myambo o Milly Jafta, por nombrar sólo algunas. Mujeres que han superado numerosas barreras para ver sus textos impresos y que, ahora, dan un nuevo salto con esta introducción al mercado hispano.

Mi recomendación es leerlas a todas y degustar cada relato con tiempo, pero me gustaría destacar algunos de ellos.

Uno de los más cortos, y sin embargo, más intensos es el de La Muñeca. Una historia muy sencilla para comprender en qué consiste la llamada “colonización de las mentes” a través de esa niña que lo único que quiere es una muñeca rubia a la que poder peinar, en lugar de la preciosa muñeca mosotho, de color marrón oscuro y compactos rizos negros que le regala su padre. Podría perdonar que el color de los ojos no fuera azul, pero no que no tenga un pelo dorado al que cepillar durante horas.

Destacaría también La sala de embarque, una historia en la que entran en conflicto los sentimientos de dos hermanos y el complicado tema de la identidad: el joven al que sus padres enviaron al extranjero a una corta edad y la hermana que se ve obligada a quedarse en casa, con las alas cortadas, como “corresponde” a las mujeres. El hermano que regresa y que todavía no ha sido capaz de superar la sensación de desarraigo y el recuerdo de los fríos y solitarios años de los inicios. La hermana que le pide que se lleve a su hijo a vivir con él, para labrarse un futuro. El hermano que se niega. ¿Egoísmo o generosidad para evitarle a su sobrino lo que sufrió él?

Además, en la Antología están muy presentes las guerras, los refugiados y los conflictos, a través de relatos como Recuerda a Atita (de Jackee Budeste Batanda) o La amiga ausente (Elizabeth Ngozi Okpalaenwe), pero me resultó especialmente duro el titulado Sueños de color del arcoiris, de Wame Molefhe. Narrado a través de los ojos de un niño, relata la ola de violencia xenófoba que vivió sudáfrica en el año 2008. Enfrentamientos que terminaron con muchos inmigrantes -zimbabuenses, mozambicanos, somalíes- muertos y con sus propiedades destruidads y saqueadas. La nación del arcoiris, que fue refugio para miles de personas de todo el continente, mostró en ese momento su cara más amarga, como respuesta a la falta de trabajo y de servicios básicos que sufren los propios sudafricanos.

Las migraciones, tema central en África, aparecen también en textos como Mansa (Franka-Maria Andoh) y Ekow (Ayesha Harruna Attah). En el primero conocemos a la joven Mansa, que trabaja en Londres aunque lo que quiere es estar en casa, junto a su madre; mientras que su hermana, que permanece en el hogar materno, envidia su suerte y la engaña. En Ekow, una joven que regresa a su país y el taxista que la lleva a casa establecen una curiosa amistad en el tiempo que dura el trayecto. Un viaje que sirve para ver cómo ha cambiado su Ghana natal y conocer las dificultades de la vida de sus protagonistas: tanto en su país natal como en el de acogida.

Precioso y esperanzador es el relato de Milly Jafta, Regreso al hogar. La historia de una madre que tuvo que dejar atrás a sus hijos para ganarse la vida cuidando a los hijos de otros, y los temores, la extrañeza, la tensión que surge al volver, por fin a casa.

Estoy camino a casa, transitando por el mismo sendero de hace mucho tiempo. (…) Una jovencita se había marchado y ahora –después de 40 años, tres hijos y un par de visitas al pueblo- una anciana regresaba al hogar.

Mi hija, la extraña, se detuvo de repente. Se dio vuelta y me miró inquisitivamente. (…) No tenía ni idea de lo que ella deseaban. Entonces fui consciente de que nunca supe de las necesidades reales de mis hijos.

Con su voz apacible, volvió a repetirme si estaba caminando demasiado rápido.

¡Oh, Dios, qué amable! Alguien me estaba preguntando. No me ordenada que caminara más rápido, que me levantara más temprano, que prestara más atención… Mis ojos se llenaron de lágrimas. Pero renació la esperanza.

Y frente a la paz que destila el texto de Jafta, la desesperanza y el horror de los dos poemas de Kristina Rundano Masuwa-Morgan: La Mujer, y La mujer africana, sobre el extenuante trabajo de las mujeres, el maltrato y la situación de indefensión que viven. Pero especialmente flagrante es el poema “Una paliza por amor”, unos durísimos versos en los que la escritora Mariska Araba Taylor-Darko retrata sin concesiones la bestialidad de la violencia machista:

La mano que me lastima es la que me acaricia

no me puedo marchar

no puedo pronunciar lo que mi corazón esconde

nadie debe saber mi vergüenza

Me quedo allí axfisiada por dentro, muerta por dentro,

odiando por dentro, muriendo por dentro

aferrándome a ti -no por amor sino por miedo-

mientras temo la llegada de la mañana porque recibiré más

palizas

Y podrás susurrar entre besos

te golpeé porque te amo”.

En resumen, un intenso viaje por las áfricas, a través de sus escritoras, que nos acerca Federico Vivanco en esta magnífica antología.

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