Mujeres del Congo: el horror y la infamia

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25/05/2017.- La Exposición Mujeres del Congo, de Isabel Muñoz y Concha Casajús, está hasta el 18 de junio en el Museo Nacional de Antropología de Madrid, dentro del ciclo Ubuntu, en el corazón de África.

La exposición Mujeres del Congo estará en el Museó Nacional de Antropología de Madrid hasta el 18 de junio de 2017..

Mujeres del Congo es una durísima exposición en la que no sólo se recogen imágenes, sino también numerosos testimonios, con el fin de que se escuche la voz y la historia de estas mujeres valientes y luchadoras. Mujeres que han de hacer frente a la discriminación, los malos tratos y la violencia sexual en una de las zonas más peligrosas del mundo: el este de la República Democrática del Congo, donde hace años que la guerra y los conflictos no cesan. Un lugar extremadamente rico en recursos naturales pero donde la población es inmensamente pobre, donde campan a sus anchas los señores de la guerra y los combates por el control del territorio no cesan. Un polvorín en el que se dan cita antiguos militares, tropas oficiales, jóvenes que fueron niños soldados, ruandeses huidos del conflicto entre tutsis y hutus… A todo ello se unen algunas creencias tradicionales, la culpabilización de los ‘niños brujos’ por determinadas desgracias o la ‘hematomancia’ (la magia roja), que utiliza la sangre como elementos central de sus liturgias.

La fuerza de estas mujeres que afrontan la realidad, rompen el silencio y vuelven a empezar es increíble. Merece ser narrada y ensalzada por todos”.

Es allí donde Isabel Muñoz, Premio Nacional de Fotografía 2016, y Concha Casajús fueron a hacer sus fotos en el 2014. Un trabajo de campo que habría sido imposible sin el apoyo de Caddy Adzuba, periodista congolesa, galardona con el Premio Príncip de Asturias por su continua y valiente denuncia de la violencia sexual contra las mujeres. “sin la protección y estrecha colaboración de Caddy Adzuba, el acesso al tema habría sido prácticamente imposible”, escribe Casajús.

Porque se trataba de fotografiar a mujeres rotas, pero capaces de recomponerse. Mujeres que han sobrevivido a la violencia sexual como arma de guerra o a las violaciones familiares, pero que están dispuestas a enfrentarse a ello.

Una mujer violada a la que han roto sus órganos reproductores es una enferma crónica que no puede terner hijos y un ser que puede contagiar enfermedades peligorsas. El marido suele abandonarla –a ella y a sus hijos, la meda es de seis o siete- con lo cual quedan abodcadas a lamiseria y la exclusión social.” Caddy Adzuba consiguió unirlas y que algunas hablaran en la radio. “La fuerza de estas mujeres que afrontan la realidad, rompen el silencio y vuelven a empezar es increíble. Merece ser narrada y ensalzada por todos”.

Henriette Kika, una de las mujeres fotografias para la exposición Mujeres del Congo. Su testimonio es, como tantos otros, descorazonador.

Testimonios de la infamia

Una doble página blanca sirve para recoger la mayor de las infamias. Testimonios tan insoportables que la propia hoja recomienda no dejar leer a menores de 16 años. Ignominia relatada en primera persona por mujeres que han sufrido lo indecible y que, sin embargo, se atreven a contarlo, a dejarse fotografiar y a poner palabras al salvajismo.

Estábamos en el bosque y cinco rebeldes me violaron. Mi marido intentó defenderme pero le mataron y descuartizaron. Me dejaron como un aimal, sangrando y con trozos de madera en la vagina. No me tenía en pie. El Dr. Mukwege me salvó pero tengo muchos dolores y no puedo trabjar. Soy madre de 10 hijos mayores y no tengo una casa para vivir con ellos. Me siento inútil, olvidada y abandonada”, explica Henriette Kika.

No es el peor de los testimonios. Algunos no se van de tu cabeza una vez leidos. Como el de Cheusi Kwasila Anne, a quien su marido abandóno porque “según él, me había dejado violar en vez de resistir hasta la muerte”. El, que había presenciado cómo seis hombres la violaban y cómo le introdujeron un cuchillo en la vagina. O el de Zabulonda Mwin Elysée, que estuvo tres años ingresada, sometida a muchas operaciones, tras las violaciones y torturas a las que fue sometida.

 

Las niñas de Kavumu

Nadège es una niña huérfana de padre y madre, nacida fuera del matrimonio. Tras la muerte de sus padres, ella y su hermanos fueron acusados de brujería. Sólo la salvó el orfanato. Foto perteneciente a la exposición Mujeres del Congo.

Y más desgarrador aún, si cabe, son las líneas que acompañan a las fotografias de las niñas. Niñas preciosas que fueron violadas con dos, seis o cuatro años. Todas tuvieron que ser atendidas en el hospital por sus heridas. Algunas no pueden ir al colegio, porque los niños se burlan de ellas. Otras porque no tienen recursos. Otras porque ni siquiera tienen casa, o familia.

El ejemplo más dramático de toda esta infamia es el de las niñas de Kavumu, una ciudad a unos 25 kilómetros de Bukavu, en la tristemente famosa provincia de Kivu Sur. Allí, entre las numerosas aglomeraciones comerciales surgidas junto al aeropuerto, se lleva produciendo desde hace unos años un terrible fenómemo: la violencia sexual contra niñas menores de diez años.

Niñas que son raptadas, violadas y abandonadas posteriormente, provocandoles numerosos traumatismo. Niñas que proceden de familias desfavorecidas y cuyos padres y madres no pueden protegerles. En estos casos, la fuerza de superación de las madres termina por doblegarse ante el dolor. “Cuando ellas son violadas, sacan fuerzas de flaqueza y valor suficiente para superar lo que sea. Pero cuando se trata de sus hijas, a veces bebés de 18 meses, lloran sin consuelo posible, amargamente, y gritan pidiendo ayuda”.

 

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