Patrice Nganang: ‘La escritura es poderosa’

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Patrice Nganang, autor de Tiempo de Perro, entre otros libros, y activista camerunés, tras la presentación realizada en Casa Árabe, durante la Feria del Libro de Madrid 2013.

Venía a Madrid a presentar Tiempo de Perro (2001), la única de sus novelas que ha sido traducida al español, pero apenas habló de ella. Hace 10 años desde su publicación y hoy le ocupan cosas más urgentes. No es que reniegue de ella, ni mucho menos, pero se ha convertido en uno de los activistas que luchan por un Camerún mejor y quiere compartir su experiencia. “Tengo la convicción de que podemos participar de un futuro mejor para África”, repite, “con el apoyo de todo el que quiera ayudarnos”.

Profesor de Universidad en Estados Unidos, y escritor reconocido –actualmente prepara una obra sobre la Primera Guerra Mundial en Camerún– Patrice Nganang no magnifica el término. “Escritor es todo aquel que utiliza el alfabeto, que decide ponerse a escribir. Y la suerte de mi generación es que podemos escribir más gracias a las Nuevas Tecnologías. La escritura es poderosa y podemos hacer muchas cosas con las 26 letras del alfabeto”. Sin embargo, es consciente de que la educación recibida, y la lengua en la que se hace, marca a las personas: “Soy capaz de hablar en alemán, francés e inglés, pero no sé leer un libro que ha sido escrito en una de las lenguas de mi país, ése es el problema de la colonización”, recalca. “Soy una víctima triple de la colonización”, ironiza, porque habla todas las lenguas de los diferentes países que han colonizado Camerún

Utilizando esas 26 letras Nganang ha apoyado muchas de las movilizaciones sociales de su país. Incluso estando lejos –aunque todos los años pasa algún tiempo en casa-. La primera fue para apoyar, precisamente, a otro escritor. El compatriota Bertrand Teyou, encarcelado durante un año por su libro ‘La belle de la republique bananière: Chantal Biya, de la rue au palais”, en el que cuenta el extraordinario ascenso de la mujer del presidente, de orígenes humildes hasta lo más alto del país. Este libro le valió al autor  un año en la cárcel: El 3 de noviembre, fue arrestado en un hotel de Douala donde iba a firmar libros, y los ejemplares fueron requisados y quemados; más tarde fue condenado a dos años de prisión o una multa de 4.500 dólares, a la que no pudo hacer frente. Esto le llevó a la cárcel, donde al poco tiempo comenzó una huelga de hambre por las condiciones inhumanas de la prisión.  Esta fue una de las primeras campañas en las que participó, y muy activamente, Patrice Nganang.  Finalmente Teyou fue liberado, pero no por decisión gubernamental sino porque le ayudaron a pagar la multa.

Desde entonces, “el trabajo de empoderamiento de la sociedad no ha cesado“, aunque Nganang actúe desde Estados Unidos. “Sobre el terreno hay multitud de activistas, observadores, formadores en Derechos Humanos, que trabajan con campesinos, con diputados, junto a la periodistas”, señala Patrice. “Hace falta voluntad y coraje, pero ha quedado claro que de eso hay más que de sobra en Camerún”. De hecho, aunque quizás no haya llegado a los medios de comunicación internacionales, el pueblo camerunés lleva luchando contra la dictadira desde los años 90, cuando se produjeron grandes revueltas conocidas como ‘ville morte’ (ciudades muertas) y que consistían en paralizar completamente los grandes núcleos urbanos  como Douala o Yaundé.

– Tu libro ‘Tiempo de perro’ fue el primero en mencionar a Paul Biya [presidente del país desde 1982-, en una época en la que los escritores ni si quiera se atrevían a escribir su nombre. Hoy, sí se atreven, como hizo Teyou, pero terminan en prisión. Visto en perspectiva ¿qué ha cambiado en Camerún en estas dos décadas?

Bueno, lo fácil sería decir que nada… pero la realidad es que sí han cambiado las cosas. Hoy en día, la gente demuestra mucho más valor, hay más posibilidades. En ese libro yo quería mostrar el incipiente movimiento por la democracia, el de los años 80 y 90, pero entonces era muy difícil. Entonces había sólo un partido, un periódico, una televisión, una universidad. Hoy las cosas han cambiado, y mucho. Aunque obviamente todavía tenemos limitaciones. Camerún, junto a Togo y Gabón, se encuentra en uno de los últimos puntos en cuanto a libertades políticas.

– ¿Existe una oposición con posibilidades?

El sistema político de Camerún no permite que exista una oposición fuerte. El Estado es de alguna manera el Partido, y viceversa. No existe una estructura clara para la oposición; sin embargo, sí hay individuos que están trabajando en este sentido. Lo mismo sucede en el campo cultural y social. Están surgiendo muchas iniciativas, a cargo de escritores, periodistas, estudiantes… Pero, de nuevo, no tienen estructuras para trabajar.

– Durante la charla, lamentabas no poder entender algunas lenguas que se hablan en tu país. En cambio, sí eres capaz de hablar en otras, y de hecho en tus libros sueles entremezclarlas. ¿Has pensado en publicar directamente en tu lengua materna?

De momento, nunca he escrito en mi lengua materna, porque aunque soy capaz de hablarla, no me siento tan cómodo cuando me pongo a escribir, me cuesta más porque no estoy acosumbrado. Sin embargo, quizás lo intente, sería una buena forma de ponerme a prueba.

– Decías también que podemos participar en un futuro mejor para África. ¿Cómo puede el continente solucionar sus problemas?

En mi opinión, todas las personas de buena voluntad pueden hacer algo. Es una cuestión internacional, instituciones poderosas y personas individuales. No tiene por qué ser sólo desde dentro, aunque es lo que muchas personas promueven. Pero, ¿por qué perder la fuerza de aquellos que están deseando hacer algo? Hay que ser pragmático, cualquiera es bienvenido. Y ésa es la manera en la que estamos trabajando en Camerún. Con el apoyo de fundaciones, ONGs, personalidades de la diáspora…

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