Mali acuerda con la Cedeao el envío de una fuerza internacional para recuperar el norte del país

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Seis meses después de que los fundamentalistas de Ansar Dine, junto a independentistas tuaregs,  tomaran el poder en toda la zona norte de Mali  y una vez que Bamako –que sufrió un golpe de Estado tan sólo unos días antes- se ha visto incapaz de restablecer la situación, parece que Mali ha llegado a un acuerdo con la Comunidad Económica de Estados de África del Oeste (CEDEAO) para que ésta despliegue sus tropas en el territorio con el objetivo de intentar devolver la situación a su estado inicial. Se trataría, eso sí, de tropas de la Cedeao y “no extranjeras” (en referencia a militares europeos o estadounidenses), según han querido dejar claro las partes implicadas.

Los ministros de Asuntos Exteriores y Defensa de Mali, en la reunión de la Cedeao celebrada en Abidjan (Costa de Marfil), el 17 de septiembre. Fuente: AFP

La idea la corroboran desde París y el resto de capitales occidentales, que no se ven con fuerzas para implicarse en otra guerra, según dejan entrever sus declaraciones. Así, Francia –cuyo pasado colonial y post colonial hace que no sea bien recibida en muchos países africanos- ha asegurado que llevará a cabo un ‘rol de facilitador’. “Ni nos planteamos enviar tropas”,  asegura en Le Figaro un diplomático francés.

Aunque eso no significa, claro, que París no vaya a intervenir. En realidad, según cuenta el mismo periódico, ya se han desplegado un centenar de miembros de las Fuerzas especiales francesas, y se enviarán aviones de patrulla sistemas de vigilancia.  También Alemania, Polonia, Gran Bretaña y Estados Unidos han ofrecido su apoyo a Bamako, pero en forma de recursos de información e Inteligencia. Por su parte, Rusia y China han dado a entender que no bloquearían una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, en caso de que el presidente maliense así lo pidiera, lo que podría hacer el próximo 26 de septiembre, durante la conferencia internacional prevista con motivo de la Asamblea General anual del organismo.

La operación, que en principio parece fácil, en  el sentido de que los rebeldes islamistas no son especialmente numerosos (algunas fuentes hablan de 3.000 o 4.000 hombres), tiene un problema claro: cómo mantenerla a largo plazo. Porque,  ¿qué pasará una vez que Bamako retome el control? ¿Cuánto tiempo tardarán en volver a iniciarse las hostilidades? O  cuál será el siguiente país en el que se instale  este grupo islamista? A día de hoy, toda la zona del Sahel es potencialmente susceptible de ver nacer en su seno movimientos radicales.  Si fueran expulsados de Mali, es muy probable que terminen en Mauritania o Níger, dos países que, desde luego  tampoco lo tendrían fácil para hacer frente a una insurrección armada en su territorio.

 

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