Radio Shabelle. En el punto de mira

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La emisora somalí Radio Shabelle sobrevive a pesar del asesinato de cinco de sus periodistas, en un país donde la guerra dura ya dos décadas. Su empeño por seguir informando en medio de la anarquía de Mogadiscio ha sido recompensado con el galardón a la Libertad de Información, otorgado por Reporteros Sin Fronteras.  

 Aurora M. Alcojor

Cuando ser periodista se convierte en misión imposible, cuando cualquier información es susceptible de ser tachada de ‘peligrosa’ por un bando o por otro, cuando has visto morir a cinco compañeros tuyos simplemente por realizar tu trabajo, entonces lo más fácil sería dejarlo todo, bajar la cabeza, acatar las órdenes y emitir lo que te mandan. Sin embargo, es en momentos como esos cuando surgen periodistas dispuestos a seguir trabajando para contar lo que pasa y denunciar las atrocidades.Es el caso de los reporteros de Radio Shabelle, una de las principales emisoras de Somalia y una de las pocas fuentes de información fiables que quedan en el país. Hace unos meses –en diciembre de 2010-, su trabajo, ese trabajo silenciado de los últimos años, se vio recompensado con el galardón que desde hace casi dos décadas ofrece Reporteros Sin Fronteras: el premio a la ‘Libertad de información’.

 “Es un honor recibir este premio”, dijo emocionado Ali Abdi, jefe de Relaciones Internacionales del conglomerado Shabelle Media, al recoger el galardón en París. “Es un reconocimiento no sólo para nuestro trabajo, sino para el coraje de todos los periodistas somalíes y la población civil”. Un merecido premio después de un año trágico, el de 2009, en el que fueron asesinados cinco de sus reporteros, todos ellos por disparos de bala, a sangre fría. “No nos dejaremos intimidar. Estamos decididos a continuar nuestro combate por una información independiente y por el respeto de los derechos humanos”, recalcó ante las cámaras.
Una de las periodistas de Radio Shabelle. Fuente: Politiken
Efectivamente, esta radio se esfuerza por sobrevivir en medio del caos de un país en el que prácticamente desde 1991 no existe un gobierno estable, y de una ciudad, Mogadiscio, donde el poder va por barrios. Y por días. Tanto que, de hecho, el pasado mes de junio la emisora tuvo que interrumpir su trabajo durante más de dos semanas, tiempo que aprovechó para trasladar sus instalaciones fuera de la zona controlada por las milicias armadas, de corte islamista. El director de la emisora aprovechó entonces para reafirmar su independencia, respondiendo así a los rumores que les sitúan al servicio de la Misión de la Unión Africana en Somalia (fuerzas de paz compuestas por miembros de los ejércitos de Uganda y Burundi y a las que muchos consideran un ejército de ocupación). Estos soldados tienen la misión de apoyar al frágil gobierno somalí, que representa en sí mismo hasta qué punto el país se ha convertido en un Estado fallido. Con un ejecutivo sin apenas poder para actuar más allá de las calles de Mogadiscio y un Parlamento con la mitad de sus miembros viviendo en el extranjero sería más justo decir que Somalia, el lugar más peligroso del mundo, ha dejado de existir.
La realidad es que el país se encuentra dividido, de facto, en cuatro zonas bien diferenciadas. Al norte está Somalilandia –ex colonia británica-, que funciona de forma independiente y cuya aspiración es convertirse en un Estado propio; un poco más al este se encuentra Puntlandia, también autoproclamado independiente, a pesar de que sí fue parte de la colonia italiana en la zona; al Sur tenemos la zona dirigida por Al Shabab,  considerado un grupo terrorista por Occidente; y finalmente, la zona centro del país y Mogadiscio, donde el Gobierno se disputa el poder con diversos grupos armados.

En medio de esta anarquía, se estima que, tan sólo en 2010, los diversos grupos armados islámicos se hicieron con el control de unas 10 estaciones de radio, utilizándolas para emitir su propaganda política y visiones religiosas. Además, en las zonas controladas por las milicias, éstas imponen restricciones de todo tipo, que pueden ir desde la prohibición de ver y/o emitir partidos de fútbol a la elección de la música y, por supuesto, el tratamiento de temas políticos. De hecho, Radio Shabelle ha sido ‘prohibida’ en numerosas ocasiones y sus periodistas siguen recibiendo amenazas, físicas y verbales, de manera continuada. Pero en una realidad como la de Somalia, no hay a quién recurrir para exigir justicia. Si, como dijo alguien, en una guerra la primera víctima es la verdad, en Somalia, donde el conflicto dura ya 20 años, la verdad y quienes intentan contarla están en el punto de mira de todos los combatientes.Poco importa que precisamente este año se cumplieran dos décadas de la Declaración de Windhoek, (Namibia) que promovía una prensa independiente, plural y libre para ayudar al desarrollo africano y que sirvió para establecer el 3 de mayo como el Día Mundial de la libertad de Prensa.  Veinte años después, la realidad es que, tal y como escribe Omar Faruk, presidente de la Federación Africana de Periodistas, “el clima de impunidad por los delitos contra los periodistas que cuentan la verdad, exponen la corrupción y la inestabilidad política constituye la mayor amenaza a la seguridad de los periodistas en África”.

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