30 millones de historias sin contar

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Hoy va de viajes la cosa. O de historia. O de historia de la infamia, para ser más concretos. El caso es que de lo que hoy vamos a se podría llamar ‘el monumento desconocido’ pero su nombre real es el African Burial Ground,y está escondido nada más y nada menos que en el centro de Manhattan.  Aurora M. Alcojor

Vista desde arriba del African Burial Ground, en pleno Manhattan.

Debajo se encuentran los restos mortales de miles de esclavos africanos que, en su día, fueron enterrados en una inmensa fosa común. No tienen lápidas, ni estatuas ni carteles ni nada que recuerde su vida porque casi nada se sabe de ella. No al menos como personas individuales. Pero sí sabemos algo de su pasado como pueblo, como colectivo.

Fue en 1991, y de manera totalmente casual, cuando se descubrió el inmenso cementerio. En la zona se iba a construir una gran torre de oficinas y, alcomenzar con la excavación, se encontraros los restos de los cuerpos y se descubrió que todos pertenecían a hombres negros. En total, se pudieron identificar unas 400 personas, pero se cree que allí debió haber más de un millar de muertos.

Comenzó entonces la gran batalla. Como os podéis imaginar, no hay ceros suficientes para valorar lo que cuesta un edificio de oficinas en Manhattan. Pero del mismo modo, no hay político capaz de parar las reivindicaciones de los vecinos, cuando éstos se ponen de acuerdo en algo. Y eran muchas las asociaciones, escuelas, grupos y personas individuales las que exigían que los restos se devolvieran a su lugar y se paralizaron las obras. Así fue como se consiguió que, en medio del centro financiero de la ciudad,  unas cuantas parcelas valoradas en miles de millones de dólares quedaran sin edificar para construir allí un recuerdo a los esclavos que, durante siglos, trabajaron y sirvieron en la ciudad de Nueva York.

Interior del memorial en recuerdo de los hombres y mujeres negros muertos a causa de la esclavitud.

El elegido -imaginaos la responsabilidad- fue Rodney Leon, un arquitecto afroamericano y neoyorquino que a los 36 años se enfrentaba a uno de los grandes retos de su vida. Le quedó un sencillo y bonito monumento monumento curvilíneo, edificado en piedra, que contiene un camino en espiral que conduce al centro. En los exteriores, nos encontramos con pinturas y motivos de inspiración africana.

¿Pero cómo llegaron a parar estos cuerpos a esta céntrica zona de la ciudad?

Bueno, los primeros esclavos llegaron a lo que entonces se denominaba Nueva Amsterdan en 1625, de manos de los holandeses –fundadores de la city-. En un principio eran sólo hombres y más tarde llegaron también las mujeres, con lo que pronto comenzaron a  nacer los primeros niños negros en territorio americano. Niños que heredaban la condición de esclavos de sus padres y que no tenían, por motivo de su nacimiento, ningún privilegio más.

En 1665, la ciudad pasó a manos de los británicos, lo que supuso, si era posible, un empeoramiento de las condiciones de los esclavos. Los súbditos de la reina, en busca de aumentar la “eficiencia comercial”, crearon la Royal African Company, empresa dedicada casi única y exclusivamente a la ‘importación’ de esclavos directamente de África a Nueva York. Pronto se estableció el primer Mercado de esclavos, situado precisamente entre las calles de Wall Street y East River en 1709.

No sería hasta la Revolución Americana cuando las cosas comenzaron a cambiar, si bien muy poco a poco. Al comenzar las 13 colonias el movimiento independentista frente a la metrópoli, los negros también tomaron parte en algunas batallas lo que, según cuentan los historiadores, sirvió para tomar conciencia de sus posibilidades de vivir como un hombre libre.

También algunos hombres blancos comenzaron a oponerse contra la opresión de la esclavitud y muy poco a poco fueron ganando la batalla de la conciencia colectiva. Algunas cosas comenzaron a cambiar y a finales de 1807, un siglo después de aquel primer mercado de esclavos, el gobierno federal aprobaba una ley que prohibía la ‘importación y/o venta de esclavos en todo Estados Unidos”. Pero los que ya estaban allí, seguían siendo esclavos y todavía podían ser vendidos o comprados a discreción de sus dueños. No fue hasta 1830 cuando se formó la primera sociedad abolicionista y hubo que esperar todavía hasta 1865 para que se aboliera oficialmente esta práctica. Pero incluso entonces, con la ley en la mano, todavía tendría que pasar un largo tiempo hasta que la práctica, sobre todo en los Estados del Sur, desapareciera totalmente.

En 1870, la Decimoquinta Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, expresaba que ni el Gobierno federal ni ningún estado de la Unión “negará o coartará a los ciudadanos de los Estados Unidos el derecho al sufragio por razón de raza, color o condición previa de esclavitud”. Aunque ésta fue una de esas grandes frases que recogen las Constituciones y otros textos legislativos que, a la hora de la verdad, no son ni remotamente aplicados. De hecho, en la práctica, se considera que realmente se concedió el derecho a la población negra en 1965, cuando se aprobó la Ley de Derechos Civiles.

Hoy en día, frente a la infamia de la historia, y ante el temor a que cosas como ésta sean olvidadas por las generaciones venideras, cada 25 de marzo se celebra el Día Internacional en Recuerdo a las Víctimas de la Esclavitud y el Comercio de Esclavos.

Un día en el que se pretende recordar los 30 millones de historias sin contar. Las miles de historias desconocidas u olvidadas que se generaron a lo largo de 400 años de comercio de esclavos. Las historias de familias separadas, de hermanos que nunca se volvieron a ver, de mujeres que perdieron a sus hijos. De aquellos que murieron en el mar, quen no fueron capces de hacer el camino. De los que fueron muertos mientras intentaban escapar. De los que fallecieron trabajando, agotados, o desfallecidos. Cuatro siglos en los que se hablaba de Ilustración y de avances, pero en los que todas la naciones miraban hacia otro lado cuando de esclavitud se trataba. Quizás lo mismo que hacemos hoy con la esclavitud moderna y la trata de personas.
* Todas las imágenes están extraidas de la web de Naciones Unidas.

**Texto publicado originalmente en GuinGuinBali

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