China ya está aquí

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    Después de tomar posiciones en África y Latinoamérica, y ahora que tiene buena parte de la deuda pública estadounidense en sus manos (aunque parece que cada vez le interesa menos), China se centra en Europa. Y ha comenzado por el eslabón más  débil, Grecia, que necesita desesperadamente inversión extranjera para hacer frente al rescate financiero que tuvo que solicitar este año.

    Lo explica bien Lluís Bassets en su blog “Del alfiler al elefante“:

    China está empezando a capitalizar políticamente, todavía con discreción, su papel en la recuperación económica. Si hay un paquete de estímulo a la economía que haya funcionado es el chino. Pekín sigue comprando bonos. Y el tirón alemán tiene que ver con sus importaciones. En la anterior etapa, la del crecimiento sin pausa, en plena exaltación globalizadora, proporcionó la mano de obra barata y el ahorro. Ahora, además, invierte en el exterior, estimula su propia economía y empieza a consumir. Eso sí que es una superpotencia imprescindible. ¿Alguien osará preguntar a Wen por los derechos sindicales de los trabajadores chinos? ¿O por la situación de los ciberdisidentes? Bastará, por el momento, que evitemos la fascinación de un gobierno de los mandarines a espaldas de la gente y de las leyes.

    China, al  igual que Angola o Guinea Ecuatorial, son países en los que un día sí y otro también se violan los Derechos Humanos sin que la Comunidad Internacional haga nada porque no interesa meterse con estos países. Portugal firma acuerdos con su ex colonia, igual que lo hacemos nosotros con la nuestra, porque podemos sacar buena tajada en forma de petróleo y oportunidades para nuestras empresas.
    Las relaciones de poder en el mundo cambian sin que nos demos cuenta, y en el camino,  no sólo vamos perdiendo nuestros derechos sino dejando de luchar por aquellos de quienes nunca los han tenido. 

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