El mundo al revés

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Portugueses que se van a Angola en busca de Eldorado, españoles que se apelotonan por ir a trabajar a Dubai y chinos que ocupan África con sus inversiones. Cualquiera diría que la crisis nos ha vuelto locos a todos.

Vista de la bahía de Luanda, capital de Angola. Foto: Paulo César Santos
Vista de la bahía de Luanda, capital de Angola. Foto: Paulo César Santos

Vamos por partes. Lo de Angola sí tiene sentido porque, según cuentan quienes han estado por allí, las posibilidades para hacer negocio son infinitas. Siempre, claro, para trabajadores cualificados y previo pago de suculentas comisiones. Si no era suficiente con la fuga de cerebros –la UE sigue pidiendo a gritos inmigrantes cualificados mientras expulsa a patadas a quienes no lo son- ahora también buscamos una salida para los licenciados que nos sobran.

Lo de Dubai, en cambio, no lo entiendo. Un emirato lleno de macroconstrucciones y en el que está la torre más alta del mundo, sí, pero que forma parte de un país (Emiratos Árabes Unidos) -con esto yo siempre me lío- donde casi un 50% de la población proviene del sur de Asia y un 17% de Irán no parece el sitio en el que uno vaya a ganar 600 euros al día. Pero quién sabe, también conocí a un cocinero que dejó un buen restaurante en Londres por la cocina de un hotel en Abu Dhabi donde ganaba el doble. (Actualizado: Las últimas noticias dicen que esto era una estafa y que en Dubai se suele contratar a inmigrantes de Pakistán o Filipinas que aceptan el cobro de 200 euros al mes).

El caso es que quizás el futuro está en África, en Asia y en Oriente Medio. China ya lleva años avisando y el resto parece que sigue la misma marcha. Habrá que ver, que las cosas cambien mucho en cincuenta años y si no, miren la España de 1960.

El problema, claro, es que los africanos, asiáticos y demás, también querrán su parte del pastel. Y entonces, ay, a lo mejor tenemos que emigrar para ser mozos de almacén o señoras de la limpieza. Quizá entonces nos revelemos contra las injustas leyes de inmigración. Las de los países receptores, claro.

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