Un gran día

Uriel dice muchas veces que “Hoy puede ser un gran día”.

Pues bien, HOY HA SIDO UN GRAN DÍA, gracias a ‘La Olivina’

Andaba yo atribulada en la Oficina entre las estadísticas comerciales de Swazilandia, las conversaciones de paz en Zimbabwe y cuestiones similares cuando me encuentro con un mail de Ester en el que me dice que “en algún lugar de Sudáfrica hay un paquete para mí”… como aquel programa de la Gemio, si mal no recuerdo, de “hay una carta para ti”.

Nada más leerlo, he decido que todo lo demás podía esperar –vaaaale, no estaba tan atareada, lo admito- y que hasta que tuviera ese paquete en mis manos, mi misión en la vida era buscarlo. Un paquete de la Olivina, qué miedo. Confieso que cuando Raquel me pidió mi dirección de aquí lo primero que pensé es que en su tele de los obispos habían decidido hacer un programa tipo “riojanos por el mundo” pero en plan “seguidores de Losantos por el mundo” y me iba a traer aquí un equipo de TV para que dijera que echaba de menos despertarme con la COPE… A pesar de ello, -la amistad está por encima de todo-, le di mi dirección, con la esperanza de que los recortes presupuestarios se encargaran de hacer imposible el susodicho programa.

Un gran día

Al saber lo del paquete, he respirado aliviada –dejaré mi salto a la fama para otro momento- y me he puesto manos a la obra con un código que Ester había conseguido mandando un mail a la Post Office Central de Sudáfrica –aunque me pese admitirlo por mi trayectoria profesional en Correos y Telégrafos, ¿alguien cree que encontraría un paquete escribiendo un mail a una oficina en España? Ni de coña!-. Pues bien, aquí sí, parece que algunas cosas van por delante de nosotros…

Bueno, volviendo al tema, el caso es que con mi código entre manos he llamado a Correos y, voilá, “su paquete está en Grayston, madame”. Ilusionada, feliz, arrepintiéndome de cada vez que me quejo porque las cosas van mal aquí, me he ido a Grayston a por mi paquete. Pero allí han empezado los problemas. Primero, la cola y esos funcionarios que parece que les pesa el alma –si alguien quiere saber más, Rubén los imita genial-. Me he pasado esperando una horita poco más o menos y cuando he llegado a la caja, la señora ha cogido mi código, se ha pirado durante unos 15 minutos y ha vuelto sólo para decirme que mi paquete no estaba allí, que fuera a Benmore.

Ya sabía yo que no podía ser tan fácil.

Pero daba igual, porque hoy era un gran día, así que ni las colas ni los funcionarios podían estropearlo y con la mejor de mis sonrisas me he ido a Benmore –lo cual supone unos 20 minutos de coche entre que aparcas y no y tal y cual-. Allí, de nuevo, la consabida cola y los consiguientes funcionarios de movilidad limitada.

Cuando ha llegado mi turno, el señor me ha preguntado que cómo era el paquete y yo, con risa nerviosa, sin poder casi vocalizar: “Ah, pues no lo sé, verá usted, es que es un regalo, de mis amigos de la facultad, que me lo han mandado ya hace tiempo y bla, bla, bla…”. El señor, después de mirarme -como es lógico-, con cara de “acaso te crees que me importa?” se ha vuelto a ir, esta vez durante unos 10 minutos, justo lo suficiente para que yo empezara a pensar que mi paquete no estaba ahí, que seguro que se lo habían llevado a otra oficina y … Pero no, de repente, no sé muy bien de dónde, ha salido el señor con mi paquete. Yo, ya, nerviosa, sólo acertaba a decirle, “Thank you, thank you, thank you very much”.

Tenía tangas ganas de ver lo que era que cuando he llegado al coche y me he puesto a quitar el papel me he dado cuenta de que se me había roto la cinta donde llevo las llaves y que, prácticamente había empezado a diluviar –aquí siempre cae a lo grande, sin avisar-.

Cuando lo he abierto, no me lo podía creer. Diez años en fotos. Diez años en palabras. Un álbum lleno de momentos, de cuando teníamos 18 añitos, -dios, casi ni me acuerdo- del parque de atracciones, de las escapadas esas que de vez en cuando conseguimos hacer todos juntos, de las fiestas por Madrid, del viaje a México… Y, sobre todo, un álbum lleno de palabras. Palabras que casi me ruborizan, porque no las merezco, aunque me gustan y me hacen sentir bien, y me hacen recordar que tengo unos amigos maravillosos, y que parece que no pasan los años por nosotros.

Ni los años ni la distancia porque aquí, en el sur del sur –como dice Justo- me he sentido como si estuvierais presentes, y me he acordado de todos los días que hemos reído y sufrido en esas aulas, en el metro, en casa de Carlos –en la primera, ¿cómo se llamaba aquella calle?- y me he reído sola y en alto, como si estuviéramos todos juntos. Y me he acordado también de lo que vino después, porque lo mejor es que tengo la impresión de que incluso nos hicimos más amigos después de dejar la universidad, cuando los caminos comenzaban a separarse y empezábamos a echar de menos esa rutina de vernos cada día, de quedar a comer, a cenar, a desayunar, incluso!.

Y me he sentido tan FELIZ –diría ‘dichosa’ si no sonase tan a novela de Corín Tellado- que sólo puedo deciros que MUCHAS GRACIAS por este regalo, que no os imagináis la ilusión que me ha hecho. Que desde hoy a la una no me quita nadie la sonrisa de la cara, y que he dado cuenta de que, con gente como vosotros cerca TODOS LOS DÍAS SON UNA GRAN DÍA. Gracias por ser como sois. OS QUIERO

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3 comentarios

  1. Auro cariño, tener amigos así, sólo puede significar una cosa (que yo conozco, he vivido y viviré en primera persona): que eres especial y una buena amiga.

    No sabes lo que te echo de menos aunque no lo creas por lo pasota que soy.

    Miles de besos! Te quiero, Jaime.

  2. Madre mía, no sé si es que estoy mayor, sensible o qué, pero me ha dado un noséqué al leer tu post, Auro… Pero me encanta, lo admito, aunque parezca ñoño me ha hecho una ilusión enorme, como a todos, que hayamos conseguido emocionarte.

    Pero no te engañes, que somos la Olivina, cuando hacemos ciertas cosas, a veces sólo llegan a término o por casualidad o porque los astros se alinearon con Marte y la Tierra o porque Raquel y tú nos pongáis firmes y las cosas claras, ya sabes… jaja! En este caso, hay que decir que la idea fue de Reichel. Fotos había muchas de donde seleccionar (cuando estés aquí nos tenemos que preparar, para todos, una sesión fotográfica porque vaya tela!) y escogimos unas poquitas, pero representativas, creo… Todos teníamos más o menos, pero la gran fuente de documentación gráfica de esta comunidad reside en Tudela, que se lo curró a tope porque escaneó una pila de fotos de las de carrete!

    Y nada, gracias a las nuevas tecnologías pudimos recopilar todo, nena. En cuanto a las “letras para Auro” sólo hubo que decir: “Escribidle algo a Auro, lo que queráis, y de paso le felicitamos el año”. Y fue una de esas cosas que inconscientemente hace la Olivina “ipso facto” –bueno, Raquel tardó un poquito más, pero tiene excusa, te lo aseguro, que de repente se vio eligiendo entre la multitudinaria cola del INEM o ser el nuevo busto parlante como jefa de informativos en la tele de los obispos… adivina que escogió-. El álbum y la disposición fue idea también de la de Guadalajara, pero, por desgracia, de su gran creatividad a mí no se me ha pegado nada y me tocó a mí hacer el “corta-pega” de parvulario (mis más sinceras disculpas!!! Jajaja!). Menos mal que como sólo encontramos el tipo de álbum que queríamos en Imaginarium, pues podemos decir que está hecho a propósito (¿te has dado cuenta de que hay OCHO cabecitas en la portada?? Fue una señal para decantarnos, jeje)…

    Así que sorpréndete, querida exiliada, esto nos llevó poco más de una semana en realidad (y ya es)!!!! Jaja! ¡¿Ves como esto es señal de que nos hacemos mayores y responsables y hasta maduramos?!

    En resumen, Auro, que esto ha sido divertido, un placer saber que conseguimos alegrarte el día y, por supuesto, te lo mereces.

    A mí me encantaría poder alegraros el día siempre a cualquiera de vosotros. Es verdad eso que dices de que nos hicimos más amigos al acabar la universidad y al tener que separarnos. Fue duro y sin embargo eso nos unió más; lo demostramos a diario. Me siento afortunada (uf, casi diría también “dichosa”, pero es verdad que «se me hace bola», suena demasiado cursi –incluso más que este mail, sí, qué pasa ;P-).

    Un beso enorme. Os quiero!
    Esther.

    PD: Vale, otro día escribo y meto algo de caña aquí y en otro blog, que sé de un “francés” y de un “chino” que se ensañarán conmigo, jiji! Pero hoy tocaba “azúcar”!

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