El milagro también fue económico

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Ya he dicho más de una vez que me parece un milagro que este país esté como está después de pasar por lo que ha pasado. Yo lo pensaba siempre en términos sociales pero ahora estoy leyendo un libro que comparte esta percepción desde el punto de vista económico y es muy interesante. Probablemente el autor sea demasiado optimista y bienpensante, pero como yo también lo soy, hago mía su tesis. El libro es ‘Beyond the miracle’ y el autor Allister Sparklin, un periodista blanco que ha publicado varios ensayos sobre el pasado y el presente de Sudáfrica.

El milagro también fue económico
Beyong the miracle, de Allister Sparklin, analiza la importancia de los cambios económicos en la transición sudafricana.

Algunas cosas que deberíamos tener en cuenta atnes de venir aquí y criticar todo lo que se hace y lo que no se hace, quejarnos por la falta de servicios públicos y la mala atención al cliente, llevarnos las manos a la cabeza por la desorganización y poner el grito en el cielo a la mínima de cambio.

1.- Además de todos los conflictos morales y sociales, el Apartheid dejó como herencia un impresionante problema económico: las arcas medio vacías, una enorme deuda exterior, los inversores extranjeros retirándose a todo correr por miedo a lo que pudiera pasar y una magra infraestructura. Cuando sólo te tienes que preocupar del 20% de la población, es más fácil que todo esté bien. El nuevo Gobierno, que creía que acabando con el apartheid ya estaba todo hecho, se encontró con que en realidad todo estaba por hacer.

2.- En 1990, en plena era de la globalización, Sudáfrica era todavía un país extremadamente proteccionista, con ingentes subvenciones a la agricultura, una moneda mantenida artificialmente por el Gobierno y fuertes restricciones a la competencia extranjera. Todo lo que el FMI y el BM te prohíben si eres un país en vías de desarrollo y pretendes obtener alguna de sus ayudas. Sin tiempo para adaptarse, Sudáfrica tuvo que llevar a cabo una reestructuración total de su sistema económico.

3.- Lo peor de todo, el mayor crimen contra la humanidad cometido por el Apartheid, fue sin duda negar la educación a la población negra, impidiéndola convertirse en mano de obra cualificada. Y por cualificada no quiero decir ingenieros, informáticos ni médicos. Cualificados eran un pintor o un mecánico, dos trabajos, por ejemplo, que estaban prohibidos para los negros según la Job Reservation Act, una ley que estipulaba un sinfín de empleos que los negros no podían realizar. En consecuencia, una Ley especial delimitaba las materias y los años que los negros podían estudiar. Total, ¿para qué más?. Según cuenta Alllister Sparks, un negro podía sostener la escalera y limpiar las brochas, pero no pintar la pared.
Este ha sido un problema gravísimo para el país, pues según se ha ido desarrollando la economía y sustituyendo los trabajos no cualificados por maquinaria, se han ido perdiendo multitud de puestos de trabajo, precisamente los que ocupaban los negros.

4.- Otra gran dificultad ha sido la de la Administración y el propio Gobierno. Casi de la noche a la mañana, Sudáfrica se despertaba con un ejecutivo formado por gente que había pasado las tres últimas décadas en la cárcel –picando piedra, sin poder estudiar, sin acceso la prensa-; en el exilio, en campos de entrenamiento de Zimbabwe o Mozambique; escondidos o llevando a cabo la lucha armada. Podían ser inteligentes, buenos y trabajadores –que seguro que tampoco todos lo eran- pero obviamente no estaban preparados para dirigir un país.

5. El problema de los vecinos. Por último, es muy fácil avanzar en la buena dirección cuando tus vecinos son Francia, Alemania y el Reino Unido, cuando tienes fondos estructurales y ayudas a la agricultura y muchas subvenciones, pero la cosa se complica un poco más cuando a tu lado están Zimbabwe, Mozambique y Namibia, por ejemplo, cada uno con miles de ciudadanos deseosos de huir del caos de sus respectivos países y hacerse un hueco en el tuyo.

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